Las guerras petroleras pavimentan el camino a la Tercera Guerra Mundial

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16 Agosto 2026 27 visitas

Durante los últimos meses, Irán ha logrado cerrar el Estrecho de Ormuz, con el tránsito de petroleros reducido hasta en un 95 por ciento. Los consecuentes picos de precios y la caída en las exportaciones tanto de petróleo como de fertilizantes han devastado a la clase trabajadora internacional. Las Naciones Unidas predicen que 45 millones de personas caerán en hambre extrema, principalmente en África y Asia (4/20).

La guerra en Irán es, fundamentalmente, una pelea entre imperialistas por el control del petróleo. Los patrones de EE.UU. están desesperados por aferrarse a su control sobre el suministro mundial de petróleo, la savia vital del imperio estadounidense. Mientras tanto, los patrones chinos e iraníes han aprovechado la debilidad de EE.UU. Los capitalistas chinos están forzando a más países a entrar en su órbita al manipular los precios del petróleo y la tecnología renovable en su intento por convertirse en el imperialista dominante. Los gobernantes capitalistas de Irán han aprovechado la oportunidad para consolidar aún más su régimen antiobrero y potencialmente expandir sus empresas militares y comerciales por todo el Medio Oriente. A ninguno de estos patrones le importa un comino su propia clase trabajadora, a la que están dispuestos a sacrificar por millones para proteger sus ganancias. La clase obrera internacional no tiene más opción que convertir estos conflictos imperialistas en guerra de clases y acabar con el sistema de ganancias para siempre.

La guerra con Irán acelera el declive de EE.UU.

La evidente derrota de la clase dominante estadounidense en Irán está acelerando la caída de la que fue la superpotencia dominante del mundo. El control de EE.UU. sobre el petróleo de la región ha sido una parte fundamental de su estrategia imperialista desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Estableció al dólar como la moneda de reserva mundial indiscutida y le permitió a EE.UU. castigar a cualquier capitalista menor que se saliera de la línea (Lee el recuadro en el próximo número de Challenge).

Sin embargo, últimamente los patrones de EE.UU. no logran dejar de estorbarse a sí mismos. Las grandes petroleras multinacionales apostaron todo por Donald Trump en 2024, con el 88 por ciento de sus donaciones de campaña respaldando a los republicanos y sus políticas pro-petróleo. Esa apuesta está dando frutos. Incluso cuando las agencias de inteligencia de EE.UU. han concluido que más bombardeos no tendrán ningún efecto en las negociaciones con Irán (Washington Post, 7/20), Chevron reportó ganancias netas de $12.2 mil millones en el segundo trimestre, un aumento de más de cinco veces respecto al mismo período del año anterior. ExxonMobil reportó una ganancia de $14.5 mil millones, el doble de lo que ganó en el mismo período un año antes (Guardian, 8/4). El problema para la clase dominante de EE.UU. es que esta búsqueda descarada de ganancias socava los intereses más amplios del imperialismo estadounidense. Con sus interceptores de misiles Patriot severamente agotados (Al Jazeera, 8/9), EE.UU. está menos capacitado para cumplir con sus garantías de seguridad hacia Arabia Saudita y otros estados petroleros. Y a medida que los patrones de EE.UU. ven amenazados sus intereses, se volverán aún más temerarios y peligrosos, sin importar qué partido gane las próximas elecciones legislativas o presidenciales.

En el panorama general, la dependencia de los capitalistas estadounidenses en los combustibles fósiles, una visión basada en la maximización de ganancias a corto plazo, representa una amenaza creciente para el capitalismo en su conjunto. Con la contaminación por gases de efecto invernadero aún en aumento, un calentamiento global de 3 grados parece cada vez más probable — una receta para el hambre, la sequía y la migración masiva que podría devastar economías y amenazar la vida de miles de millones de personas (Current Affairs, 8/6).

El imperio de las renovables de China

Los imperialistas chinos están al centro de una alianza para romper el monopolio de EE.UU. sobre las finanzas mundiales. Las sanciones económicas de EE.UU. tienen cada vez menos impacto. Cuando la administración Biden impuso severas sanciones contra Rusia tras la invasión de Ucrania, varios aliados tradicionales de EE.UU. — incluyendo Turquía, Israel e India — se negaron a cumplirlas y siguieron haciendo negocios con Vladimir Putin

Como el mayor importador de petróleo del mundo, China controla esencialmente el mercado. Con vastas reservas de petróleo, grandes avances en electrificación y energías renovables, y la capacidad de controlar la demanda industrial doméstica, China puede subir o bajar el precio del petróleo a corto plazo hasta en un 30 por ciento (The Economist, 8/9). Al mismo tiempo, el dominio global de China en las tecnologías de energía limpia del futuro — especialmente solar, eólica y baterías — representa “la mayor amenaza a la seguridad energética en la historia”, según el jefe de la Agencia Internacional de Energía. A principios de este año, 50 países registraron cifras récord en importaciones de paneles solares chinos (CNN, 4/26).

China está usando la energía renovable para expandir constantemente su esfera de influencia en preparación para la próxima guerra mundial.
Los patrones de Irán se llenan los bolsillos Al menos 4,000 trabajadores iraníes han muerto en la guerra hasta ahora, con decenas de miles más heridos, incluyendo a más de 1,600 niños (Al Jazeera, 7/20). Dos tercios de todos los ataques de EE.UU. han impactado edificios residenciales, comerciales u otros edificios civiles (Bloomberg, 4/21). Más de tres millones de personas han sido desplazadas, en su mayoría huyendo de los centros urbanos por temor a morir bajo las bombas estadounidenses o israelíes (NRC, 3/27).

A pesar de este devastador costo para la clase trabajadora, los patrones iraníes, encabezados por el liderazgo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, buscan escalar el conflicto (ver recuadro) y expandir su propia base de ganancias en la región. Ven la guerra como una oportunidad potencial para expulsar a EE.UU. de sus bases en la región.

¡A luchar!

Las guerras por recursos naturales son inevitables bajo el capitalismo, sin importar qué grupo de patrones esté a cargo. En su afán por sacar ganancias de la extracción petrolera, ninguno de estos patrones se detendrá ante nada para crear miseria a una escala nunca antes vista. Nuestra clase debe intervenir construyendo un movimiento revolucionario de masas para tomar el poder del Estado y construir un nuevo mundo, donde los trabajadores puedan equilibrar su necesidad de energía con su necesidad de un planeta habitable. ¡El Partido Laboral Progresista busca liderar el camino hacia este futuro comunista — únete a nosotros!

Los patrones iraníes están cobrando a lo grande

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) tiene la tarea de hacer cumplir el régimen teocrático capitalista en Irán, incluyendo códigos de vestimenta sexistas y otras reglas estrictas de comportamiento. El IRGC tuvo un papel protagónico en la represión de enero que asesinó al menos a 5,000 manifestantes, posiblemente miles más (Amnistía, 1/26). El IRGC es también una extensa empresa capitalista que extrae ganancias de las exportaciones de petróleo, aeropuertos, represas, ferrocarriles, oleoductos y empresas de ingeniería y construcción, tanto dentro de Irán como en el resto del mundo. Están por ganar miles de millones más con los peajes que exigen por el paso seguro por el Estrecho de Ormuz — una extorsión, ni más ni menos. Además de estas empresas supuestamente legales, la Guardia Revolucionaria dirige una operación masiva de contrabando de alcohol, tabaco, armas de fuego y narcóticos, que asciende a $12 mil millones al año (Fortune, 3/2).

El nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, está estrechamente vinculado al IRGC. Se estima que controla $3 mil millones en bienes de lujo alrededor del mundo. Su padre, el asesinado Ali Khamenei, pudo haber controlado hasta $200 mil millones (Forbes, 7/29).