La Revolución Haitiana sacudió al mundo - Después de las cadenas: la lucha inconclusa

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20 Septiembre 2026 10 visitas

El pasado mes de agosto se cumplió el 235.º aniversario del inicio de la Revolución Haitiana. Lo siguiente es un extracto de un artículo de la revista del Partido Laboral Progresista (PLP) titulado “La historia de Haití”, publicado en 2014. La historia de Haití ofrece lecciones para la clase trabajadora internacional.

Haití nació de una rebelión de esclavos, y su historia deja claro que la esclavitud y el racismo fueron esenciales para los propios cimientos del capitalismo. La clase trabajadora haitiana también ha soportado algunas de las formas más brutales de explotación por parte del imperialismo, tanto directa como indirectamente. Sin embargo, desde que los trabajadores haitianos se levantaron para abolir la esclavitud en la década de 1790, han respondido luchando con militancia, impulsando reforma tras reforma en un esfuerzo por liberarse de la explotación. Una y otra vez, sin embargo, estas reformas han fracasado.

Hoy, las condiciones que enfrentan los trabajadores haitianos continúan deteriorándose. Las pandillas, las armas importadas desde Estados Unidos y los asesinatos han devastado el bienestar de la clase trabajadora haitiana, mientras que el ataque racista contra el Estatus de Protección Temporal (TPS) de los trabajadores haitianos en Estados Unidos ha generado aún más incertidumbre y sufrimiento.

Esta historia transmite la lección más importante para todos los trabajadores: solo el comunismo puede acabar con la explotación y poner a la clase trabajadora internacional al mando de la sociedad. Es un recordatorio de que, aunque los trabajadores negros de todo el mundo siguen siendo el sector más brutalmente explotado de nuestra clase, la lucha contra el racismo nunca puede separarse de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo. Solo la revolución comunista puede acabar definitivamente con este sistema de explotación. Desde Haití hasta Estados Unidos, el liderazgo de los trabajadores negros sigue siendo una fuerza revolucionaria crucial.

Concluimos esta serie en el siglo XIX con las consecuencias de la revolución y resumimos cómo sus líderes intentaron construir una nueva república sobre los fundamentos —y los obstáculos— de la Revolución Francesa burguesa. Esa herencia contenía tanto promesas radicales de un movimiento comunista como duras lecciones sobre las concesiones al capitalismo, sentando las bases para cuestiones ideológicas que nuestra clase todavía enfrenta mientras luchamos contra las consecuencias de la democracia liberal, el imperialismo, el nacionalismo y el capitalismo, y luchamos contra los fracasos de la Unión Soviética y del antiguo movimiento comunista.

Definiendo una nueva nación en el siglo XIX

La rebelión de los trabajadores esclavizados comenzó en el punto de producción, con la destrucción de los molinos y los campos de caña. El control sobre la producción y la reproducción continuó estando en el centro de la lucha por definir la libertad. Cuando Haití declaró su independencia, esta lucha se extendió a nuevos ámbitos, incluidos los esfuerzos por definir la raza y la nacionalidad y por desarrollar instituciones formales de gobierno.

Durante la insurrección, los rebeldes continuaron cultivando pequeñas parcelas familiares para producir alimentos, a menudo reclamando estos pequeños terrenos como propiedad personal. A veces, estas parcelas eran cultivadas por pequeños grupos. Cuando la esclavitud terminó formalmente, el esfuerzo por definir el trabajo y los derechos laborales en un San Domingue francés libre fue asumido por la nueva élite política, inicialmente por Toussaint Louverture. Pero en la década de 1790, ¿qué significaba la libertad?

Para Toussaint, la libertad de Saint-Domingue requería reconstruir una economía de plantación para que el país pudiera volver a convertirse en un importante exportador de azúcar y café. Toussaint quería una economía “moderna” e invitó a los propietarios blancos de plantaciones que todavía estaban exiliados a regresar para ayudar a reconstruirla. Las tierras de las plantaciones confiscadas fueron entregadas a líderes de la insurrección, creando un nuevo grupo de propietarios negros de plantaciones. Leyes laborales estrictas obligaban a los antiguos esclavos a regresar a las plantaciones bajo contratos laborales de un año, en los cuales recibirían salarios definidos como una parte de las ganancias de la producción. Para mantener a la gente trabajando en las plantaciones organizadas al estilo industrial, se prohibió la venta de pequeñas parcelas de tierra.

El esfuerzo de Toussaint aumentó la producción de café y azúcar, y a lo largo del siglo XIX las élites haitianas —tanto negras como gens de couleur— adoptaron repetidamente leyes similares (llamadas códigos rurales) para revitalizar la economía obligando a la gente a trabajar como jornaleros en las plantaciones.¹³ Estas élites intentaron reorganizar su mundo en términos de clase, con un proletariado rural compuesto por trabajadores asalariados contratados y explotados para generar ganancias capitalistas.

Pero los trabajadores haitianos tenían una definición diferente de la libertad. Para los antiguos esclavos, la libertad significaba trabajar para la propia familia sin ningún patrón. Rechazaban todas las formas de esclavitud, incluida la esclavitud asalariada que estaba volviéndose dominante en Europa y el norte de Estados Unidos a medida que se desarrollaba el capitalismo industrial. En Camino a la Revolución IV, el PLP señaló que la verdadera libertad solo puede existir bajo el comunismo. Pero esa comprensión todavía no había surgido. En lugar del comunismo, surgió una forma de economía campesina. Los antiguos trabajadores de las plantaciones, la mayoría de ellos armados y con experiencia en las guerras contra la esclavitud, forzaron la desintegración de muchas plantaciones. La producción industrial de azúcar fue reemplazada por pequeños propietarios y ocupantes de tierras que explotaban granjas de subsistencia y cultivaban pequeñas cantidades de café y otros productos para la venta interna y la exportación. La nueva clase dominante de Haití quería centrarse en la producción de mercancías (producción destinada a la exportación a los mercados), que es esencial para el capitalismo. Los trabajadores haitianos, con el deseo de crear una nueva sociedad, se centraron, en cambio, en la producción natural (producción que satisface las necesidades de los trabajadores). Esto demuestra que los trabajadores, a diferencia de los jefes y de quienes aspiran a serlo, suelen ser revolucionarios y pueden ganarse para el comunismo.

El concepto de la raza y el racismo actual desarolla

La raza también sería redefinida durante el curso de la lucha. El racismo (de hecho, el propio concepto de raza) fue producto de la esclavitud. Y las divisiones racistas —en el Haití colonial, una división en tres grupos entre blancos, gens de couleur y negros— formaban parte de la estructura de la economía esclavista. En la década de 1790, cuando la República Francesa abolió la esclavitud, el liderazgo político de Saint-Domingue era multirracial, y líderes negros como Toussaint Louverture habían acogido la ayuda de los blancos.¹⁵ Pero la raza también tenía una dimensión de clase, ya que la mayoría de los esclavos eran negros, a menudo nacidos en África, mientras que quienes poseían esclavos eran blancos o miembros de los gens de couleur de raza mixta.

La lucha contra Napoleón puso la raza en primer plano. La declaración formal de independencia fue emitida por Jean-Jacques Dessalines. Al igual que Toussaint, Dessalines era un antiguo líder insurgente esclavizado que había luchado para los españoles y había servido bajo Leclerc. Al declarar la independencia y elegir el nombre Haití (tomado del nombre taíno de la isla), Dessalines rechazó cualquier asociación posterior con los colonizadores franceses.

La independencia genera muchas contradicciones nacionalistas

Mientras perseguía a quienes habían participado en las masacres de negros organizadas por los franceses, Dessalines ordenó y supervisó el asesinato de muchos habitantes blancos. A otros blancos —incluidos polacos que se habían unido a la lucha por la independencia, un grupo de alemanes que se había establecido en Haití antes de la revolución y muchas mujeres blancas que estaban dispuestas a renunciar a Francia— se les concedió la ciudadanía haitiana. La constitución fusionó el nacionalismo con la raza. Declaró a Haití una nación “negra” y estableció que todos los haitianos (incluidos los gens de couleur y los blancos naturalizados) serían considerados “negros”. La constitución también establecía que “ningún blanco, cualquiera que fuera su nación”, podría venir en adelante a Haití como “amo o propietario”.

Con la independencia, Haití también tuvo que luchar para establecer estructuras de gobierno. Este esfuerzo estuvo definido por conflictos dentro de la élite revolucionaria, a menudo entre la antigua élite de los gens de couleur, que había sido propietaria de pequeñas plantaciones antes de la insurrección, y los generales negros que habían sido esclavos y que habían obtenido el control de plantaciones como recompensa por su capacidad militar y política. En sus primeros años, Haití quedó dividido, con una monarquía en el norte que afirmaba basarse en modelos africanos y una república en el sur. Para 1821, el país estaba unificado bajo un solo gobierno que había establecido el control sobre toda la isla de La Española.

Aunque era independiente, Haití no había escapado al alcance del colonialismo ni de la esclavitud. Durante estas décadas, la economía haitiana se desarrolló de nuevas maneras. Los campesinos que habían sido esclavos preferían cultivar productos de subsistencia en lugar de cultivos comerciales. Y aunque los mercados locales prosperaron (a menudo organizados por mujeres), el comercio de exportación languideció. La producción de azúcar, que requería inversión de capital y una organización industrial del trabajo, colapsó. Sin embargo, la producción de café fue lo suficientemente elevada como para convertir a Haití en un importante exportador, especialmente hacia Francia. Incapaces de obligar a los trabajadores negros a trabajar en sus plantaciones, muchos gens de couleur emigraron a las ciudades, convirtiéndose en funcionarios gubernamentales y comerciantes, y creando una nueva geografía de raza y poder entre las zonas rurales y urbanas.

Los dirigentes franceses, que necesitan dinero para las guerras, exigen el reembolso de la colonia perdida

Francia presionó para restablecer el control sobre su antigua colonia. En 1825, Francia anunció que reconocería la independencia de Haití si Haití pagaba una compensación a los antiguos amos por las pérdidas de propiedad sufridas cuando se abolió la esclavitud y se confiscaron las plantaciones. Mientras los buques de guerra franceses echaban anclas en el puerto, el gobierno haitiano decidió negociar. Permitió que los franceses evaluaran el valor de sus pérdidas (incluida la tasación del “valor” de algunos funcionarios del gobierno que habían sido esclavos). Al final, Francia exigió que Haití pagara unos 150 millones de francos de oro por los esclavos cuyas vidas y cuyo trabajo los plantadores franceses habían robado en primer lugar. ¡Los franceses también exigieron y obtuvieron aranceles más bajos para los productos fabricados en Francia!

El gobierno haitiano tuvo que pedir dinero prestado a bancos franceses para realizar estos pagos, y en 1871 los banqueros franceses establecieron el Banco Nacional de Haití para que sirviera como instrumento de poder económico en su antigua colonia. Haití tardó más de 100 años en pagar esta deuda, utilizando el 70 % de los ingresos del Estado para hacerlo.

En el siglo XIX, más de una cuarta parte de los ingresos del gobierno se destinaba al pago de la deuda, mientras que otra mitad de los ingresos gubernamentales pagaba un gran aparato militar, originalmente necesario para protegerse contra Francia. Con el tiempo, el ejército se concentró en reprimir las rebeliones internas contra los altos impuestos y la creciente explotación por parte de los comerciantes. En la década de 1840, el café brasileño producido por esclavos comenzó a inundar los mercados internacionales y a hacer bajar los precios. Ante las crecientes dificultades económicas, los campesinos haitianos se levantaron en 1843, 1865, 1867 y 1911.

La explotación de los trabajadores haitianos continuó

La clase trabajadora haitiana había derrotado la esclavitud en su propio país, pero la existencia de la esclavitud en otros lugares, con su superexplotación de los trabajadores del azúcar, el café y el algodón, seguía haciéndose sentir. Aunque los campesinos haitianos no eran esclavos asalariados, la explotación y el colonialismo continuaban dominando sus vidas.

La Revolución Haitiana es un ejemplo inspirador de rebelión y lucha antirracista, pero, como vemos hoy, la Revolución no condujo a un Estado antirracista dirigido por los trabajadores. La lucha comenzó en la década de 1790, antes de que Marx y Engels hubieran analizado esta historia revolucionaria para desarrollar un análisis dialéctico de la sociedad de clases y de la lucha de clases. 

Al carecer de un análisis comunista, los líderes haitianos recurrieron a los objetivos de la Revolución Francesa: el nacionalismo y el desarrollo de la supremacía burguesa sobre el feudalismo. Aun así, en algunos aspectos, el éxito de los trabajadores haitianos fue impresionante. Por ejemplo, enviaron tropas a Sudamérica para ayudar en las campañas contra el dominio español, exigiendo que las regiones liberadas fueran también liberadas de la esclavitud. Para acabar con el sufrimiento en Haití y en todo el mundo, los trabajadores necesitan el comunismo, no una liberación nacional que concluya en una dictadura capitalista. ¡Luchad por el comunismo! ¡Uníos al PLP!