DSA: un callejón sin salida peligroso para los trabajadores

Information
31 Octubre 2026 61 visitas

Los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) han despertado mucho interés entre trabajadores y estudiantes que buscan algo mejor que el racismo, la violencia, la inflación, el genocidio y las guerras de republicanos y demócratas por igual.

Recientemente, 35 candidatos respaldados por DSA ganaron elecciones primarias para cargos federales o locales. Ya hay 250 funcionarios electos de DSA en todo el país, entre ellos el alcalde de Nueva York, Mamdani. Pero los “socialistas democráticos” promueven la ilusión mortal de que el capitalismo puede reformarse para servir a la clase obrera simplemente votando, y reclutan a miles para participar en la política electoral, en lugar de la lucha de clases revolucionaria.

La historia

DSA surgió de una escisión del antiguo Partido Socialista (SP) estadounidense, fundado en 1901 como parte de la Internacional Socialista, o Segunda Internacional. Su desacuerdo interno más importante giraba en torno a la revolución. ¿Se podía sacar al capitalismo con votos e instaurar el socialismo con votos? ¿O los capitalistas jamás permitirían que eso sucediera?

Hay que reconocer que el SP se negó a apoyar la participación de EE. UU. en la imperialista Primera Guerra Mundial. Muchos de sus miembros fueron encarcelados por ello, y algunos incluso fueron deportados o asesinados. El gobierno estadounidense creó la Oficina de Investigación —más tarde el FBI— para arrestar, encarcelar y deportar a socialistas activos. Esta represión fortaleció la posición de quienes creían que era necesaria una revolución violenta contra el capitalismo.

La Revolución bolchevique de 1917 en Rusia atrajo el apoyo de muchos miembros del SP estadounidense. Los bolcheviques fundaron la Internacional Comunista y llamaron a todos los trabajadores a rechazar la Internacional Socialista y formar partidos comunistas. En los años siguientes, los miembros anticapitalistas y revolucionarios del SP lo abandonaron para unirse al nuevo Partido Comunista (CP), que cambió de nombre varias veces. Así, en el SP solo quedaron los derechistas, que rechazaban la revolución y apoyaban el capitalismo.

El SP se acercó a la Federación Estadounidense del Trabajo (AFL), la muy conservadora agrupación de obreros calificados. Juntos le quitaron el reconocimiento a las secciones sindicales que elegían a dirigentes comunistas. Durante los años veinte y treinta, el SP siguió perdiendo a sus miembros más activos, que se pasaban al CP, y se volvió cada vez más procapitalista y ferozmente anticomunista. En la posguerra, respaldó la represión anticomunista de la Guerra Fría contra miembros del CP en los sindicatos y en otros ámbitos. Recibió fondos de la CIA para publicaciones como The New Leader.

El SP, ahora rebautizado como Partido Socialista de América (SPA), hizo del anticomunismo su objetivo principal. Sus organizadores colaboraron con la CIA para desarticular sindicatos combativos en todo el mundo. Dos de sus dirigentes, Michael Harrington e Irving Howe, promovieron el anticomunismo en discursos y en libros patrocinados por la CIA. A principios de los setenta, el SPA se dividió por la guerra de Vietnam: los miembros más jóvenes se negaron a apoyar la asesina guerra imperialista de EE. UU., mientras que la dirección anticomunista la respaldaba. Formaron dos grupos que se fusionaron en 1982 para crear DSA.

DSA hoy

Aunque hoy DSA atrae a muchos jóvenes desilusionados con el capitalismo, su postura como organización sigue siendo férreamente anticomunista, y “reconoce[n] la oposición al comunismo autoritario como una obligación moral central de los socialistas democráticos”. Así, DSA practica un anticomunismo aún más dañino que el de la derecha, porque influye en muchas personas que sí rechazan el capitalismo.
DSA cree que los trabajadores pueden llegar a tener tanta fuerza dentro de este gobierno que podrán legislar para que los trabajadores “sean dueños colectivos de los principales motores económicos que dominan nuestras vidas, como la producción de energía y el transporte”. Imaginan que, si obtienen suficientes votos, los dueños de las corporaciones permitirán que los trabajadores se apropien de muchas empresas y produzcan y distribuyan bienes y servicios según las necesidades. Antes de que esa visión se haga realidad, lucharán por ganar poder en los órganos legislativos para votar a favor de reformas financiadas con impuestos a los ricos, como Medicare para Todos con pagador único, desfinanciar a la policía para refinanciar a las comunidades, y el Nuevo Pacto Verde.

DSA no entiende que el capitalismo depende de la obtención de ganancias y se define por ella. Los dueños de las fuerzas productivas solo acumulan ganancias pagando a los trabajadores menos que el valor de lo que producen, lo que llamamos explotación. Y, debido a la competencia, la inversión solo fluye hacia los productores que obtienen más ganancias con mayor rapidez. Por lo tanto, no es una cuestión moral ni filosófica de si se puede obligar o convencer a los capitalistas de reducir el grado de explotación, el daño que causan al medio ambiente o el deterioro de la calidad de vida de la inmensa mayoría de los seres humanos. No: tienen que maximizar sus ganancias para sobrevivir. Que lo hagan con gusto o con pesar es irrelevante: no tienen opción. Y está claro que, mientras reprimen violentamente huelgas y protestas, recortan prestaciones vitales como la atención médica y los cupones de alimentos en el país y devoran militarmente a naciones en el extranjero, no sienten ningún pesar por llevar penurias o la muerte a los trabajadores.

La realidad política de DSA

Sin duda, la mayoría de quienes se afilian a DSA o buscan un cargo a través de la organización desean sinceramente mejorar la vida de los trabajadores. En una entrevista, la candidata al Congreso por Manhattan, Darializa Ávila Chevalier, habla de la urgente necesidad de vivienda asequible, de su deseo de eliminar todas las fronteras y de su convicción de que el delito nace del estrés social y no existiría en una sociedad igualitaria, lo que eliminaría la necesidad de cárceles y policía. ¿Y cómo se logrará esto? Cuando la legislatura vote para gravar a los ricos, y los ricos, por supuesto, obedezcan.

Quizás el mejor lugar para examinar este modelo en la realidad actual sea el gobierno del alcalde de Nueva York, Mamdani, electo en noviembre de 2025. La mayoría de sus promesas se basaban en su intención de gravar a los ricos, algo que no está en sus manos, y la gobernadora del estado de Nueva York, Hochul, ha dejado claro que no hará tal cosa. Así que el alcalde tiene que trabajar dentro de los límites del presupuesto de la ciudad, sobre el cual tiene un control limitado.

Lo más grave es que Mamdani ha mantenido en su puesto a la jefa de policía Jessica Tisch, heredera multimillonaria y sionista. El tristemente célebre Grupo de Respuesta Estratégica, que ataca a los manifestantes, sigue intacto, y los arrestos desproporcionados de hombres negros y latinos por infracciones menores continúan a toda marcha. La policía de Nueva York (NYPD) negocia actualmente un contrato de $750,500 con la empresa tecnológica israelí Cognyte para rastrear mejor los teléfonos celulares.

Cuando Trump eliminó el Estatus de Protección Temporal (TPS) de los haitianos, Mamdani despidió de inmediato a todos los empleados municipales haitianos que perdieron su permiso de trabajo. Aunque va a abrir una tienda de comestibles de precios más bajos en cada distrito y ofrece cuidado infantil gratuito para 2,000 niños de dos años, no puede cumplir muchas otras cosas que prometió. Entre ellas, renovar 500 escuelas públicas, aumentar los salarios de los maestros, dar vivienda a las personas sin hogar y reparar la vivienda pública.

DSA reduce la comprensión y la lucha

Así, el verdadero papel de DSA es engañar a sus seguidores y oponerse a la organización de masas necesaria para amenazar al capitalismo. DSA sostiene que el capitalismo puede reformarse votando, de tal manera que los dueños renuncien a sus empresas capitalistas y permitan que los beneficios fluyan hacia los trabajadores. De ahí se desprende la idea errónea de que la fuerza que mantiene a los capitalistas en el poder —el Estado y su poderío armado— no se usará para proteger las empresas capitalistas frente al deseo de los trabajadores de tomarlas, ya sea que solo hayan votado por ello o que estén realmente librando acciones en los centros de trabajo.

DSA es peligroso porque ha tomado la energía de miles de sus seguidores y la ha canalizado hacia campañas electorales en lugar de organizarse por demandas reales. Mientras EE. UU. se precipita hacia una guerra más amplia con Irán y posiblemente después con China, mientras se acelera el cambio climático, aumenta el desempleo y disminuyen las prestaciones sociales, los trabajadores, estudiantes y soldados necesitarán un movimiento de masas multirracial, combativo y abiertamente anticapitalista para contraatacar. Ese movimiento solo puede surgir de luchas en los centros de trabajo, las escuelas y las bases militares, organizadas por trabajadores de base que no se hagan ilusiones de que los liberales, los patrones o los funcionarios electos lucharán junto a ellos por un cambio sistémico. En el curso de esas luchas, es esencial que los participantes no solo ganen confianza en su propio liderazgo, sino que lleguen a comprender la dinámica del capitalismo y la necesidad de construir un partido de masas cuyo objetivo final sea atacar al capitalismo mismo y establecer una sociedad dirigida por los trabajadores: una sociedad comunista. Eso es lo que se propone el Partido Laboral Progresista. 

Únete a nosotros.