Editorial: Protestas Cucaracha - hace falta la revolución para exterminar el fascismo

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31 Octubre 2026 70 visitas

El 17 de octubre, ante la protesta masiva de trabajadores y jóvenes, el gobierno fascista hindú del primer ministro indio Narendra Modi se vio obligado a liberar a Abhijeet Dipke. Dipke es el fundador del nuevo y liberal Cockroach Janta Party (Partido Cucaracha Janta, CJP), que ha movilizado a millones en todo el país para protestar contra el racismo antimusulmán, el desempleo y la desigualdad del despiadado régimen de Modi (Guardian, 21/10).

Desafortunadamente, por ahora este movimiento está estrictamente casado con el reformismo. Ve los ataques racistas y sexistas del gobierno como afrentas al mito de la “democracia”, no como aspectos esenciales del capitalismo en crisis. En general, los manifestantes aún no ven que en las elecciones de los patrones no hay males menores, solo el mal.

R. Palme Dutt, dirigente y teórico comunista británico en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, escribió que el fascismo es “el instrumento característico del capital financiero… en los países industriales más desarrollados cuando la etapa de la crisis y de la lucha de clases lo requiere” (Fascismo y revolución social). En otras palabras, el auge del fascismo global, desde la India y China hasta Francia y Alemania, Israel y EE. UU., es impulsado por las contradicciones del capitalismo global. Estos patrones necesitan disciplinar sus propias filas mientras usan el nacionalismo, el racismo y el sexismo para dividir a la clase obrera, reprimir la resistencia y construir sus ejércitos imperialistas para la Tercera Guerra Mundial.

Pero los ataques descarados de los capitalistas no quedan sin respuesta. La rabia obrera se está extendiendo. Francia se ha visto sacudida por masivas protestas encabezadas por estudiantes, y los gobernantes de la India han levantado barricadas en gran parte de Nueva Delhi, la capital del país, mientras reprimen brutalmente a los manifestantes y detienen a miles (UNHR, 20/10). Para transformar estas valientes luchas del callejón sin salida del electoralismo y el reformismo en un movimiento revolucionario que acabe con el capitalismo para siempre, los trabajadores y los jóvenes necesitan dirección comunista y un partido revolucionario combativo: el Partido Laboral Progresista.

El fascismo no es una falla del sistema

En las últimas semanas, el CJP y otros grupos de oposición han organizado mítines y marchas contra un programa gubernamental racista llamado “Revisión Intensiva Especial” (SIR, por sus siglas en inglés), que ha eliminado del padrón electoral a unos 130 millones de trabajadores. 

Como parte de una estrategia para favorecer al Partido Bharatiya Janata (BJP) de Modi, que está en el poder, se ha atacado a trabajadores musulmanes y a otros trabajadores oprimidos (France24, 16/10).

El clima político en la India, el país más poblado del mundo y su mayor “democracia”, refleja un viraje más amplio hacia el fascismo. Modi y su BJP, en el poder desde hace más de una década, han consolidado su dominio convirtiendo en chivos expiatorios a los trabajadores musulmanes, a las comunidades tribales y a las castas inferiores conocidas como dalits.

Entre 2014 y 2024, turbas racistas lincharon a 1,743 trabajadores, en su mayoría musulmanes o dalits, de los oficios lácteo, ganadero y del cuero (Frontline, 6/10). En 2022 y 2023, al igual que sus homólogos sionazis israelíes, fascistas hindúes respaldados por el Estado recurrieron a la “justicia de la excavadora” para desplazar a 740,000 trabajadores musulmanes (Oxford Human Rights Hub, 4/2024).

A pesar de la amplia base de apoyo del BJP, su vergonzoso resultado en las elecciones nacionales de 2024 dejó al descubierto su posible vulnerabilidad (CNBC, 4/6/24). La campaña cada vez más intensa para restringir el derecho al voto refleja los esfuerzos racistas del ala de la clase dominante estadounidense encabezada por Donald Trump para amañar y desestabilizar las elecciones en su propio beneficio, mientras atacan e intimidan a los trabajadores negros y latinos.

En periodos de relativa estabilidad, los gobernantes capitalistas prefieren usar la democracia liberal y las elecciones para apaciguar a los trabajadores y ocultar la explotación despiadada de los patrones. Pero cuando el sistema de ganancias es sacudido inevitablemente por la más reciente crisis de auge y caída, y los trabajadores se rebelan contra el empeoramiento de sus condiciones, se cae la máscara. El núcleo brutal de la dictadura de clase de los patrones queda a la vista de todos. La única solución a la violenta descomposición del sistema es construir una resistencia obrera masiva bajo dirección comunista. Como demostraron Rusia y China en las grandes revoluciones del siglo XX, solo el comunismo puede aplastar al fascismo.

La dirección del CJP socava la justa indignación de las masas

El Cockroach Janta Party surgió en internet esta primavera como respuesta satírica a un alto juez que calificó a los jóvenes desempleados de “cucarachas”. Se convirtió en protestas masivas este verano que forzaron la renuncia del principal ministro de educación del país (New York Times, 25/8). Aunque nos inspira la combatividad de las masas de trabajadores y jóvenes honestos, las ideas liberales y nacionalistas de la dirección del CJP son tóxicas para nuestra clase. El día de su arresto, Dipke había llamado a los manifestantes a desplegar una gigantesca bandera nacional india (Independent, 17/10). Es la misma bandera que adorna los uniformes de la policía fascista india, la bandera que saludan el gobierno fascista de Modi y la corrupta clase dominante india. El movimiento Cucaracha puede ser fácilmente cooptado por los partidos capitalistas rivales de la India, como el Partido del Congreso y el falso izquierdista Partido Comunista de la India, cuyos patrones quieren sacar a Modi y explotar a los trabajadores para sus propias ganancias. Los trabajadores de la India, como todos los trabajadores del mundo, necesitan otro tipo de partido: uno que represente a la clase obrera internacional y su lucha por derrocar el capitalismo de una vez por todas.

Aplastar el sistema capitalista parásito

Desde París hasta Nueva Delhi, los trabajadores y los jóvenes están tomando conciencia de su enorme poder potencial para cambiar el rumbo de la historia. La clase obrera internacional merece mucho más que la próxima camada de políticos reformistas, esos lacayos y sanguijuelas atados a las necesidades del capitalismo y al deslizamiento hacia el terror fascista y la guerra imperialista. Para cambiar verdaderamente el mundo, necesitamos aplastar este podrido sistema capitalista con la revolución comunista.

El comunismo significa una sociedad sin dinero, la base de la explotación, el robo del trabajo obrero. Significa romper las cadenas de la raza, el género, la nacionalidad y la religión, que solo sirven para dividir a nuestra clase. Significa compartir la abundancia que crean los trabajadores. Significa usar nuestras tecnologías para el avance de toda la humanidad, no solo de los multimillonarios rapaces empeñados en destruirnos. 

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