En nuestro reciente artículo sobre la Junta de Paz de Gaza, lamentamos que algunas partes del texto puedan haber tergiversado las motivaciones de los palestinos que deciden permanecer en su tierra natal. El artículo sugería que los trabajadores que se quedan están motivados principalmente por firmes compromisos nacionalistas y que podrían apoyar a Hamás. Si bien el nacionalismo puede influir en algunos trabajadores, no era nuestra intención dar a entender que permanecer en la tierra natal durante un genocidio es simplemente una expresión de ideología nacionalista. Muchos trabajadores palestinos se quedan debido a realidades sociales, económicas e históricas profundamente arraigadas, incluido el trauma duradero de la Nakba de 1948, tras la cual a muchos palestinos se les prohibió permanentemente regresar a sus hogares. Para muchos, el miedo al desplazamiento y al exilio permanente es una razón profunda y legítima para quedarse.
Pedimos sinceras disculpas por el lenguaje que pueda haber parecido despectivo o insensible a estas realidades. Además, el artículo afirmaba o daba a entender que históricamente no ha habido resistencia con conciencia de clase en Palestina.
Durante las décadas de 1920 y 1930 se realizaron importantes esfuerzos para llevar a cabo una lucha binacional liderada por los comunistas en Palestina. Sin embargo, estos movimientos acabaron fragmentándose en torno a líneas nacionalistas. El nacionalismo palestino ha implicado a menudo la lealtad a una clase dirigente palestina, una pequeña élite que, en ocasiones, ha explotado a los trabajadores palestinos en beneficio propio o en colaboración con las sucesivas autoridades coloniales e imperiales.
