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Editorial: Protestas Cucaracha - hace falta la revolución para exterminar el fascismo

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31 Octubre 2026 67 visitas

El 17 de octubre, ante la protesta masiva de trabajadores y jóvenes, el gobierno fascista hindú del primer ministro indio Narendra Modi se vio obligado a liberar a Abhijeet Dipke. Dipke es el fundador del nuevo y liberal Cockroach Janta Party (Partido Cucaracha Janta, CJP), que ha movilizado a millones en todo el país para protestar contra el racismo antimusulmán, el desempleo y la desigualdad del despiadado régimen de Modi (Guardian, 21/10).

Desafortunadamente, por ahora este movimiento está estrictamente casado con el reformismo. Ve los ataques racistas y sexistas del gobierno como afrentas al mito de la “democracia”, no como aspectos esenciales del capitalismo en crisis. En general, los manifestantes aún no ven que en las elecciones de los patrones no hay males menores, solo el mal.

R. Palme Dutt, dirigente y teórico comunista británico en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, escribió que el fascismo es “el instrumento característico del capital financiero… en los países industriales más desarrollados cuando la etapa de la crisis y de la lucha de clases lo requiere” (Fascismo y revolución social). En otras palabras, el auge del fascismo global, desde la India y China hasta Francia y Alemania, Israel y EE. UU., es impulsado por las contradicciones del capitalismo global. Estos patrones necesitan disciplinar sus propias filas mientras usan el nacionalismo, el racismo y el sexismo para dividir a la clase obrera, reprimir la resistencia y construir sus ejércitos imperialistas para la Tercera Guerra Mundial.

Pero los ataques descarados de los capitalistas no quedan sin respuesta. La rabia obrera se está extendiendo. Francia se ha visto sacudida por masivas protestas encabezadas por estudiantes, y los gobernantes de la India han levantado barricadas en gran parte de Nueva Delhi, la capital del país, mientras reprimen brutalmente a los manifestantes y detienen a miles (UNHR, 20/10). Para transformar estas valientes luchas del callejón sin salida del electoralismo y el reformismo en un movimiento revolucionario que acabe con el capitalismo para siempre, los trabajadores y los jóvenes necesitan dirección comunista y un partido revolucionario combativo: el Partido Laboral Progresista.

El fascismo no es una falla del sistema

En las últimas semanas, el CJP y otros grupos de oposición han organizado mítines y marchas contra un programa gubernamental racista llamado “Revisión Intensiva Especial” (SIR, por sus siglas en inglés), que ha eliminado del padrón electoral a unos 130 millones de trabajadores. 

Como parte de una estrategia para favorecer al Partido Bharatiya Janata (BJP) de Modi, que está en el poder, se ha atacado a trabajadores musulmanes y a otros trabajadores oprimidos (France24, 16/10).

El clima político en la India, el país más poblado del mundo y su mayor “democracia”, refleja un viraje más amplio hacia el fascismo. Modi y su BJP, en el poder desde hace más de una década, han consolidado su dominio convirtiendo en chivos expiatorios a los trabajadores musulmanes, a las comunidades tribales y a las castas inferiores conocidas como dalits.

Entre 2014 y 2024, turbas racistas lincharon a 1,743 trabajadores, en su mayoría musulmanes o dalits, de los oficios lácteo, ganadero y del cuero (Frontline, 6/10). En 2022 y 2023, al igual que sus homólogos sionazis israelíes, fascistas hindúes respaldados por el Estado recurrieron a la “justicia de la excavadora” para desplazar a 740,000 trabajadores musulmanes (Oxford Human Rights Hub, 4/2024).

A pesar de la amplia base de apoyo del BJP, su vergonzoso resultado en las elecciones nacionales de 2024 dejó al descubierto su posible vulnerabilidad (CNBC, 4/6/24). La campaña cada vez más intensa para restringir el derecho al voto refleja los esfuerzos racistas del ala de la clase dominante estadounidense encabezada por Donald Trump para amañar y desestabilizar las elecciones en su propio beneficio, mientras atacan e intimidan a los trabajadores negros y latinos.

En periodos de relativa estabilidad, los gobernantes capitalistas prefieren usar la democracia liberal y las elecciones para apaciguar a los trabajadores y ocultar la explotación despiadada de los patrones. Pero cuando el sistema de ganancias es sacudido inevitablemente por la más reciente crisis de auge y caída, y los trabajadores se rebelan contra el empeoramiento de sus condiciones, se cae la máscara. El núcleo brutal de la dictadura de clase de los patrones queda a la vista de todos. La única solución a la violenta descomposición del sistema es construir una resistencia obrera masiva bajo dirección comunista. Como demostraron Rusia y China en las grandes revoluciones del siglo XX, solo el comunismo puede aplastar al fascismo.

La dirección del CJP socava la justa indignación de las masas

El Cockroach Janta Party surgió en internet esta primavera como respuesta satírica a un alto juez que calificó a los jóvenes desempleados de “cucarachas”. Se convirtió en protestas masivas este verano que forzaron la renuncia del principal ministro de educación del país (New York Times, 25/8). Aunque nos inspira la combatividad de las masas de trabajadores y jóvenes honestos, las ideas liberales y nacionalistas de la dirección del CJP son tóxicas para nuestra clase. El día de su arresto, Dipke había llamado a los manifestantes a desplegar una gigantesca bandera nacional india (Independent, 17/10). Es la misma bandera que adorna los uniformes de la policía fascista india, la bandera que saludan el gobierno fascista de Modi y la corrupta clase dominante india. El movimiento Cucaracha puede ser fácilmente cooptado por los partidos capitalistas rivales de la India, como el Partido del Congreso y el falso izquierdista Partido Comunista de la India, cuyos patrones quieren sacar a Modi y explotar a los trabajadores para sus propias ganancias. Los trabajadores de la India, como todos los trabajadores del mundo, necesitan otro tipo de partido: uno que represente a la clase obrera internacional y su lucha por derrocar el capitalismo de una vez por todas.

Aplastar el sistema capitalista parásito

Desde París hasta Nueva Delhi, los trabajadores y los jóvenes están tomando conciencia de su enorme poder potencial para cambiar el rumbo de la historia. La clase obrera internacional merece mucho más que la próxima camada de políticos reformistas, esos lacayos y sanguijuelas atados a las necesidades del capitalismo y al deslizamiento hacia el terror fascista y la guerra imperialista. Para cambiar verdaderamente el mundo, necesitamos aplastar este podrido sistema capitalista con la revolución comunista.

El comunismo significa una sociedad sin dinero, la base de la explotación, el robo del trabajo obrero. Significa romper las cadenas de la raza, el género, la nacionalidad y la religión, que solo sirven para dividir a nuestra clase. Significa compartir la abundancia que crean los trabajadores. Significa usar nuestras tecnologías para el avance de toda la humanidad, no solo de los multimillonarios rapaces empeñados en destruirnos. 

¡Atrévete a luchar, atrévete a ganar! ¡Únete al PLP!

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De Kentucky a Kaziranga: El capitalismo es el desastre

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31 Octubre 2026 63 visitas

El jueves 10 de septiembre, miembros del Partido Laboral Progresista (PLP) de Kentucky asistieron a una manifestación organizada por estudiantes de A Nature Group (ANGr) y el Colectivo Feminista Interseccional en respuesta al acuerdo del gobierno indio para arrendar terrenos en el Parque Nacional Kaziranga a una empresa que pretende construir hoteles de lujo. Preocupados por la destrucción ambiental bajo el capitalismo y el auge del fascismo desde Estados Unidos hasta la India, estos estudiantes se unieron con pancartas, literatura y música para marchar por las calles hasta un parque local, donde se pronunciaron discursos y se compartió chai tradicional indio.

Los miembros del PL llevaron ejemplares de DESAFÍO a la marcha, destacando la necesidad de la solidaridad de la clase trabajadora ante la crisis climática, ya que el imperialismo capitalista genera desastres ecológicos que afectan a los trabajadores de todo el mundo. También queríamos señalar los límites del reformismo, pero un estudiante ya lo había mencionado en un discurso, afirmando que la lucha de clases es el medio más eficaz para cambiar la sociedad, no las urnas. Los miembros del PL estuvieron allí para enfatizar la necesidad de una lucha de clases liderada por un partido comunista revolucionario, no por las urnas. Para salvar el medio ambiente, necesitamos una revolución comunista donde los trabajadores controlen todos los aspectos de la sociedad, no los demócratas, republicanos ni socialistas.

Los trabajadores en India se han enfrentado a un gobierno fascista que castiga violentamente a cualquiera que alce la voz, presagiando las luchas que enfrentaremos aquí en Estados Unidos a medida que el fascismo siga creciendo.

El organizador principal pronunció un discurso en el evento, detallando la importancia ecológica del Parque Nacional de Kaziranga, no solo para el mundo, sino también para los pueblos indígenas de la zona, quienes serán los más afectados por la destrucción ambiental. Kaziranga es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Alberga a más de 2200 rinocerontes indios de un cuerno, dos tercios de la población mundial.

También es una reserva de tigres y hogar de otras especies en peligro de extinción. Además, los indígenas locales han habitado la región durante miles de años y dependen de la ecología local para su subsistencia. En particular, los humedales, las praderas y los manglares sirven para prevenir inundaciones devastadoras. Hasta la fecha, al menos 45 familias indígenas han sido desalojadas por la fuerza de sus hogares. 

Para colmo, el gobierno fascista de la India ha tachado de “antinacional” a cualquiera que se atreva a oponerse al desarrollo capitalista en Kaziranga. Pranab Doley, un organizador indígena, ha sido encarcelado ilegalmente bajo la draconiana Ley de Seguridad Nacional por denunciar la destrucción de Kaziranga. Se le ha negado la libertad bajo fianza y el sistema judicial ha pospuesto repetidamente su juicio a nuevas fechas arbitrarias, lo que equivale a un castigo sin juicio.

Esto refleja el trato que la administración Trump ha dado a los nativos americanos y demuestra la arbitrariedad con la que el nacionalismo divide a los trabajadores.

Al debatir cómo podemos resistir, hablamos de muchas diferencias y similitudes entre India y Estados Unidos. En primer lugar, un miembro de PL mencionó cómo las crisis ambientales ocurren en todo el mundo debido al capitalismo, haciendo referencia a la destrucción de tierras en los Apalaches para la extracción de carbón, lo que desplazó a muchas personas de la zona y provocó violentas inundaciones que cada año causan muertes y personas sin hogar. En respuesta, un estudiante mencionó que también se están construyendo centros de datos en los Apalaches, lo que aumentará los costos de la energía y consumirá grandes cantidades de agua. Un punto importante que señaló el estudiante que lideraba el evento fue que, si organizáramos un evento similar en India, habría muchas probabilidades de que nos detuvieran sin juicio por parte de la policía o el ejército de un estado fascista. A esto le siguió otro estudiante que dijo que deberíamos luchar aún más en Estados Unidos mientras podamos, porque nuestra lucha aquí afecta a las luchas del resto del mundo.

El fascismo es el capitalismo en crisis. Es cuando el sistema ya no puede apoyarse en la ilusión de la “democracia” para mantenerse y debe recurrir a métodos más violentos, utilizando la ideología racista, sexista y nacionalista como justificación. Desde las colinas de Kentucky hasta los humedales de Kaziranga, luchamos contra el mismo sistema. El internacionalismo comunista es lo único que puede llevarnos de librar pequeñas batallas aisladas a un mundo sin fronteras, sin explotación racista, sin desastre climático ni guerras imperialistas. ¡Únete al Partido Laboral Progresista y lucha por un futuro para la clase trabajadora, un futuro comunista internacional!

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DSA: un callejón sin salida peligroso para los trabajadores

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31 Octubre 2026 59 visitas

Los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) han despertado mucho interés entre trabajadores y estudiantes que buscan algo mejor que el racismo, la violencia, la inflación, el genocidio y las guerras de republicanos y demócratas por igual.

Recientemente, 35 candidatos respaldados por DSA ganaron elecciones primarias para cargos federales o locales. Ya hay 250 funcionarios electos de DSA en todo el país, entre ellos el alcalde de Nueva York, Mamdani. Pero los “socialistas democráticos” promueven la ilusión mortal de que el capitalismo puede reformarse para servir a la clase obrera simplemente votando, y reclutan a miles para participar en la política electoral, en lugar de la lucha de clases revolucionaria.

La historia

DSA surgió de una escisión del antiguo Partido Socialista (SP) estadounidense, fundado en 1901 como parte de la Internacional Socialista, o Segunda Internacional. Su desacuerdo interno más importante giraba en torno a la revolución. ¿Se podía sacar al capitalismo con votos e instaurar el socialismo con votos? ¿O los capitalistas jamás permitirían que eso sucediera?

Hay que reconocer que el SP se negó a apoyar la participación de EE. UU. en la imperialista Primera Guerra Mundial. Muchos de sus miembros fueron encarcelados por ello, y algunos incluso fueron deportados o asesinados. El gobierno estadounidense creó la Oficina de Investigación —más tarde el FBI— para arrestar, encarcelar y deportar a socialistas activos. Esta represión fortaleció la posición de quienes creían que era necesaria una revolución violenta contra el capitalismo.

La Revolución bolchevique de 1917 en Rusia atrajo el apoyo de muchos miembros del SP estadounidense. Los bolcheviques fundaron la Internacional Comunista y llamaron a todos los trabajadores a rechazar la Internacional Socialista y formar partidos comunistas. En los años siguientes, los miembros anticapitalistas y revolucionarios del SP lo abandonaron para unirse al nuevo Partido Comunista (CP), que cambió de nombre varias veces. Así, en el SP solo quedaron los derechistas, que rechazaban la revolución y apoyaban el capitalismo.

El SP se acercó a la Federación Estadounidense del Trabajo (AFL), la muy conservadora agrupación de obreros calificados. Juntos le quitaron el reconocimiento a las secciones sindicales que elegían a dirigentes comunistas. Durante los años veinte y treinta, el SP siguió perdiendo a sus miembros más activos, que se pasaban al CP, y se volvió cada vez más procapitalista y ferozmente anticomunista. En la posguerra, respaldó la represión anticomunista de la Guerra Fría contra miembros del CP en los sindicatos y en otros ámbitos. Recibió fondos de la CIA para publicaciones como The New Leader.

El SP, ahora rebautizado como Partido Socialista de América (SPA), hizo del anticomunismo su objetivo principal. Sus organizadores colaboraron con la CIA para desarticular sindicatos combativos en todo el mundo. Dos de sus dirigentes, Michael Harrington e Irving Howe, promovieron el anticomunismo en discursos y en libros patrocinados por la CIA. A principios de los setenta, el SPA se dividió por la guerra de Vietnam: los miembros más jóvenes se negaron a apoyar la asesina guerra imperialista de EE. UU., mientras que la dirección anticomunista la respaldaba. Formaron dos grupos que se fusionaron en 1982 para crear DSA.

DSA hoy

Aunque hoy DSA atrae a muchos jóvenes desilusionados con el capitalismo, su postura como organización sigue siendo férreamente anticomunista, y “reconoce[n] la oposición al comunismo autoritario como una obligación moral central de los socialistas democráticos”. Así, DSA practica un anticomunismo aún más dañino que el de la derecha, porque influye en muchas personas que sí rechazan el capitalismo.
DSA cree que los trabajadores pueden llegar a tener tanta fuerza dentro de este gobierno que podrán legislar para que los trabajadores “sean dueños colectivos de los principales motores económicos que dominan nuestras vidas, como la producción de energía y el transporte”. Imaginan que, si obtienen suficientes votos, los dueños de las corporaciones permitirán que los trabajadores se apropien de muchas empresas y produzcan y distribuyan bienes y servicios según las necesidades. Antes de que esa visión se haga realidad, lucharán por ganar poder en los órganos legislativos para votar a favor de reformas financiadas con impuestos a los ricos, como Medicare para Todos con pagador único, desfinanciar a la policía para refinanciar a las comunidades, y el Nuevo Pacto Verde.

DSA no entiende que el capitalismo depende de la obtención de ganancias y se define por ella. Los dueños de las fuerzas productivas solo acumulan ganancias pagando a los trabajadores menos que el valor de lo que producen, lo que llamamos explotación. Y, debido a la competencia, la inversión solo fluye hacia los productores que obtienen más ganancias con mayor rapidez. Por lo tanto, no es una cuestión moral ni filosófica de si se puede obligar o convencer a los capitalistas de reducir el grado de explotación, el daño que causan al medio ambiente o el deterioro de la calidad de vida de la inmensa mayoría de los seres humanos. No: tienen que maximizar sus ganancias para sobrevivir. Que lo hagan con gusto o con pesar es irrelevante: no tienen opción. Y está claro que, mientras reprimen violentamente huelgas y protestas, recortan prestaciones vitales como la atención médica y los cupones de alimentos en el país y devoran militarmente a naciones en el extranjero, no sienten ningún pesar por llevar penurias o la muerte a los trabajadores.

La realidad política de DSA

Sin duda, la mayoría de quienes se afilian a DSA o buscan un cargo a través de la organización desean sinceramente mejorar la vida de los trabajadores. En una entrevista, la candidata al Congreso por Manhattan, Darializa Ávila Chevalier, habla de la urgente necesidad de vivienda asequible, de su deseo de eliminar todas las fronteras y de su convicción de que el delito nace del estrés social y no existiría en una sociedad igualitaria, lo que eliminaría la necesidad de cárceles y policía. ¿Y cómo se logrará esto? Cuando la legislatura vote para gravar a los ricos, y los ricos, por supuesto, obedezcan.

Quizás el mejor lugar para examinar este modelo en la realidad actual sea el gobierno del alcalde de Nueva York, Mamdani, electo en noviembre de 2025. La mayoría de sus promesas se basaban en su intención de gravar a los ricos, algo que no está en sus manos, y la gobernadora del estado de Nueva York, Hochul, ha dejado claro que no hará tal cosa. Así que el alcalde tiene que trabajar dentro de los límites del presupuesto de la ciudad, sobre el cual tiene un control limitado.

Lo más grave es que Mamdani ha mantenido en su puesto a la jefa de policía Jessica Tisch, heredera multimillonaria y sionista. El tristemente célebre Grupo de Respuesta Estratégica, que ataca a los manifestantes, sigue intacto, y los arrestos desproporcionados de hombres negros y latinos por infracciones menores continúan a toda marcha. La policía de Nueva York (NYPD) negocia actualmente un contrato de $750,500 con la empresa tecnológica israelí Cognyte para rastrear mejor los teléfonos celulares.

Cuando Trump eliminó el Estatus de Protección Temporal (TPS) de los haitianos, Mamdani despidió de inmediato a todos los empleados municipales haitianos que perdieron su permiso de trabajo. Aunque va a abrir una tienda de comestibles de precios más bajos en cada distrito y ofrece cuidado infantil gratuito para 2,000 niños de dos años, no puede cumplir muchas otras cosas que prometió. Entre ellas, renovar 500 escuelas públicas, aumentar los salarios de los maestros, dar vivienda a las personas sin hogar y reparar la vivienda pública.

DSA reduce la comprensión y la lucha

Así, el verdadero papel de DSA es engañar a sus seguidores y oponerse a la organización de masas necesaria para amenazar al capitalismo. DSA sostiene que el capitalismo puede reformarse votando, de tal manera que los dueños renuncien a sus empresas capitalistas y permitan que los beneficios fluyan hacia los trabajadores. De ahí se desprende la idea errónea de que la fuerza que mantiene a los capitalistas en el poder —el Estado y su poderío armado— no se usará para proteger las empresas capitalistas frente al deseo de los trabajadores de tomarlas, ya sea que solo hayan votado por ello o que estén realmente librando acciones en los centros de trabajo.

DSA es peligroso porque ha tomado la energía de miles de sus seguidores y la ha canalizado hacia campañas electorales en lugar de organizarse por demandas reales. Mientras EE. UU. se precipita hacia una guerra más amplia con Irán y posiblemente después con China, mientras se acelera el cambio climático, aumenta el desempleo y disminuyen las prestaciones sociales, los trabajadores, estudiantes y soldados necesitarán un movimiento de masas multirracial, combativo y abiertamente anticapitalista para contraatacar. Ese movimiento solo puede surgir de luchas en los centros de trabajo, las escuelas y las bases militares, organizadas por trabajadores de base que no se hagan ilusiones de que los liberales, los patrones o los funcionarios electos lucharán junto a ellos por un cambio sistémico. En el curso de esas luchas, es esencial que los participantes no solo ganen confianza en su propio liderazgo, sino que lleguen a comprender la dinámica del capitalismo y la necesidad de construir un partido de masas cuyo objetivo final sea atacar al capitalismo mismo y establecer una sociedad dirigida por los trabajadores: una sociedad comunista. Eso es lo que se propone el Partido Laboral Progresista. 

Únete a nosotros.

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Talla calabazas y destripa el sistema de los caseros usureros

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31 Octubre 2026 46 visitas

Newark, NJ, 17 de octubre- La crisis mundial de vivienda bajo el capitalismo continúa sin tregua, pero la oposición y la resistencia están creciendo. El espíritu de los trabajadores del mundo no se puede comprar, desalojar ni derrotar. Un grupo multirracial y multigeneracional de vecinos y camaradas vinculados al Partido Laboral Progresista (PLP), de carácter comunista revolucionario, está afianzando su confianza para construir un Sindicato de Inquilinos combativo en uno de los complejos de vivienda privada más grandes de Nueva Jersey. Nuestra reciente reunión para tallar calabazas nos fortaleció como trabajadores con la discusión sobre la huelga de alquileres de Stella Wright Homes en Newark (1970-1974).

Ninguna reforma temporal, todo el poder a los trabajadores

Conversar sobre los triunfos y las derrotas de nuestros antepasados de la clase trabajadora al declararse en huelga contra las ganancias de sus caseros racistas nos unió más y dejó claro, como exclamaron una madre y su hijo, ¡que podemos hacerlo de nuevo y luchar por mucho más! Salimos de la reunión con cinco de nosotros comprometidos a asistir a una conferencia de organización de inquilinos. En la conferencia aprendimos valiosas lecciones sobre cómo formar a los inquilinos como líderes combativos. La conferencia también nos impulsó a debatir las ideas comunistas del PLP, como la unidad multirracial y el internacionalismo frente a la culpa blanca como respuesta al racismo dentro del movimiento de masas de la clase trabajadora. También discutimos la contradicción entre aumentar el poder de negociación de los inquilinos frente a los caseros y construir el poder de los trabajadores para desafiar la existencia misma del podrido sistema de vivienda basado en la ganancia.

Lo más destacado de la reunión fue ver y discutir un video de redes sociales sobre la huelga de alquileres de Stella Wright. Aprendimos que la huelga de alquileres más larga en la historia de la vivienda pública de Estados Unidos ocurrió aquí mismo, en nuestra ciudad de Newark. Los vecinos se inspiraron al saber que los 1,206 inquilinos de Stella-Wright se declararon en huelga para protestar por los ascensores descompuestos, la falta de mantenimiento y el estado repugnante de las viviendas, construidas con materiales baratos, y que retuvieron 2 millones de dólares en alquileres. A los desafiantes trabajadores de Stella-Wright se sumaron inquilinos de toda la ciudad para realizar una huelga de alquileres en Newark con 11,000 trabajadores, que privó a los caseros de 6.5 millones de dólares.

También discutimos cómo los inquilinos, después de que la Autoridad Nacional de Vivienda amenazara con desalojar a los 11,000 (¡el 25 por ciento de la población de vivienda pública de Newark!), lograron ganar su huelga en 1974 y obtuvieron el derecho a administrar Stella-Wright Homes bajo una «administración de inquilinos». Aunque al principio esto parecía una idea extraordinaria, notamos que, a fines de la década de 1990, Stella-Wright fue declarado un barrio marginal y demolido. Nuestros vecinos señalaron con agudeza que a los inquilinos solo se les dieron 1.3 millones de dólares para reparar las deterioradas torres de Stella Wright, por lo que básicamente el gobierno municipal los traicionó, y la «administración de inquilinos» en Stella-Wright estaba condenada al fracaso.

Esto nos ayuda a los comunistas a demostrar a los trabajadores que ninguna reforma bajo el capitalismo les dará jamás lo que realmente necesitan. Mientras los patrones tengan el poder del Estado y roben el trabajo de los obreros en forma de ganancia, los trabajadores seguirán esclavizados. A los trabajadores de Stella-Wright se les dio un «control» falso sobre sus hogares, pero los patrones nunca nos darán las ganancias que produce nuestro trabajo. Supimos que nuestro sindicato de inquilinos iba por buen camino cuando dos vecinos, al preguntarles si el desenlace significaba que los trabajadores nunca debieron unirse como lo hicieron, gritaron: «¡¡¡No!!! Claro que debieron hacerlo».

Mientras conversábamos sobre nuestras vidas y el estado del mundo hoy, los vecinos la pasaron muy bien tallando calabazas: una como un farolito de calabaza vomitando su pulpa y semillas, otras con caras chistosas y otras más artísticas y coloridas. A medida que organizamos estas reuniones, somos cada vez más conscientes de que vivimos en una época en la que las guerras globales y el terror de los patrones contra la clase trabajadora internacional se están agravando. Por eso generó tanto optimismo revolucionario ver a los vecinos en este espacio, comprometidos con el comunismo y aprendiendo sobre él (la lucha por unir a la clase trabajadora internacional para derrotar todos los horrores del capitalismo), mientras creaban faroles de calabaza con símbolos de la lucha de los trabajadores por el poder: una hoz y un martillo, y trabajadores alzando el puño hacia una estrella roja.

Una joven vecina pintó espontáneamente una calabaza del PLP. Presenciar esto fue importante: ver cuánto significa ya el PLP para esta joven, que solo conoce esta organización combativa desde hace cuatro meses, nos puso en alerta a quienes hemos compartido esos fuertes sentimientos durante mucho más tiempo. Si nos exigimos ser más directos sobre cómo el PLP busca empoderar a la clase trabajadora, más vecinos entenderán por qué usamos sus ideas comunistas para fortalecer nuestra lucha en la construcción de un sindicato de inquilinos y las adoptarán más allá de este.

La idea de organizar una reunión para tallar calabazas surgió de nuestro deseo de continuar las amistades y de nuestro compromiso con los vecinos. Durante el último año, vecinos y miembros del PLP se han acercado mutuamente al organizar un Festival Internacional de Comida y Cultura, noches de juegos, un picnic en el parque y excursiones de senderismo. Hemos descubierto que los trabajadores desconfían unos de otros. Es comprensible, pues la vivienda bajo el capitalismo no fomenta la comunidad. Los trabajadores sospechan que quien toca inesperadamente a su puerta es un vendedor, un politiquero electoral, un promotor de alguna iglesia o incluso, posiblemente, terroristas de ICE que buscan secuestrarlos a ellos y a sus seres queridos. Reunirnos en torno a fechas como el Día de San Valentín, el Día de las Madres y Halloween ha ayudado a disminuir el miedo de los vecinos, y siempre encontramos que los trabajadores con quienes hablamos están ansiosos por la oportunidad de convivir con sus vecinos.

Aprendiendo a luchar como rojos, luchando por dirigir como rojos

Dos días después de la reunión de las calabazas, nuestro grupo, que incluía a la joven estudiante-trabajadora que apenas hace poco comenzó a acercarse tanto al incipiente sindicato de inquilinos como al PLP, asistió a la conferencia de organización de inquilinos de Rutgers. Uno de los talleres estuvo a cargo de un carismático organizador de inquilinos veterano, quien dirigió una simulación en la que se pidió a los asistentes que se organizaran como inquilinos ficticios mientras el anfitrión interpretaba a un casero despiadado. Vimos cómo los caseros intentarían dividir a los inquilinos y castigar a los trabajadores que quieren ganar a los inquilinos para organizarse bajo ideologías radicales como el comunismo. Sin embargo, también vimos la fuerza de las ideas radicales cuando uno de nosotros encabezó la consigna «¡Reparen o huelga!», que casi todos los asistentes coreamos.

Lamentablemente, aunque nos entregó un poderoso manual de organización que necesitamos con urgencia llevar a nuestros vecinos, el anfitrión seguía desempeñando el papel de falso líder y vendiendo un mensaje anticomunista. Promovió la idea pacificadora de que incluso su propia política radical solo estorbaría la organización de los inquilinos, y de que seguir las leyes hechas por y para los caseros en materia de huelgas de alquileres es lo máximo a lo que podemos aspirar.

De la huelga de alquileres de Stella-Wright al taller de la conferencia de inquilinos, vemos que ganar reformas por sí solas nunca será suficiente. Nuestra lucha consiste en lograr que, durante un período muy largo, los inquilinos de nuestro complejo lean sobre estas lecciones en este periódico DESAFIO, vivan conflictos con nuestros caseros por demandas antirracistas y realicen huelgas de alquileres. A través de este proceso, más trabajadores-inquilinos concluirán que necesitamos un mundo sin caseros ni capitalistas hambrientos de ganancias —el comunismo— para lograr verdaderamente la vivienda que todos merecemos.

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Foro en Los Ángeles: combatir el terror fascista

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31 Octubre 2026 64 visitas

El fascismo está en auge a nivel internacional. Como comunistas, tenemos la obligación de organizarnos para combatir el terror fascista. Un aspecto fundamental es fortalecer nuestra comprensión, y la de nuestra base, sobre cómo se manifiesta el fascismo y cómo podemos combatirlo. Con este objetivo en mente, organizamos nuestro foro “Lucha contra el Terror Fascista”.

El foro se centró en tres formas de terror fascista: los ataques contra la comunidad LGBTQ+, los ataques antiinmigrantes por parte del ICE y la represión policial. Contó con una nutrida participación de grupos multirraciales, multigeneracionales y multigénero de miembros y amigos, incluyendo a las familias de dos víctimas de la violencia policial.

Un aspecto importante de nuestro foro sobre el fascismo y la resistencia de la clase trabajadora fue visibilizar sectores de la clase trabajadora que no suelen ser objeto de debate, como nuestros hermanos y hermanas gays y transgénero, y su relación con la lucha de clases, la resistencia antifascista y el movimiento comunista. La historia es compleja, pero la primera organización abiertamente gay fue fundada por comunistas del Partido Comunista de Estados Unidos (CPUSA), llamada Sociedad Mattachine, en 1950. La Sociedad Mattachine tenía filiales en todo el país, centradas principalmente en la resistencia reformista. Sin embargo, sus elementos más radicales lucharon con fiereza contra la violencia policial fascista, como en la rebelión de Cooper’s Donuts, las rebeliones de Blackcat Tavern en Los Ángeles y la rebelión de Compton’s Cafeteria en San Francisco, que precedieron a la más famosa Rebelión de Stonewall en Nueva York en 1967.

Analizamos la fuerte influencia comunista que inspiró al Frente de Liberación Gay a inspirarse en el Frente de Liberación Nacional de Vietnam, de corte comunista y antiimperialista. Es evidente que estos movimientos se vieron afectados negativamente por el revisionismo y el nacionalismo, y que finalmente sucumbieron al reformismo, las políticas electorales y identitarias. No obstante, es nuestro deber ilustrar las raíces multirraciales y multigénero de la clase trabajadora de la resistencia antifascista, que reconocía al enemigo común: la clase capitalista e imperialista.

La segunda sección dividió el foro en grupos más pequeños que debatieron historias sobre los movimientos de resistencia actuales contra el creciente terror fascista. Estas historias abordaron la conexión entre la cancelación del TPS por parte de Trump y la imposición de dispositivos electrónicos de vigilancia a trabajadores haitianos por parte del ICE en Springfield, Ohio.

Los organizadores del foro quisieron destacar que los trabajadores negros son constantemente objeto de los ataques fascistas más violentos por parte de los empresarios, así como nuestra postura de que los trabajadores negros son clave para la revolución. Esto quedó claro al señalar que la misma Springfield, que fue una parada del Ferrocarril Subterráneo para los esclavos que se escondían de los cazadores de esclavos, mantiene esa sólida historia antirracista, con residentes que ahora esconden a sus hermanos y hermanas de clase trabajadora del ICE.

Los grupos pequeños también debatieron sobre los asesinatos de René Good y Alex Pretti, la opresión y las brutales condiciones que sufren los migrantes trans bajo el control del ICE, y la brutalidad policial contra los activistas anti-ICE. Mediante preguntas y debates preparados, pudimos establecer conexiones entre los ataques fascistas que afectan a nuestra clase y compartir nuestra estrategia para la revolución comunista.

La tercera sección del foro destacó el fortalecimiento de la relación que hemos construido con la familia de Bryan Bostic, asesinado por la policía de Inglewood. Esta parte se organizó como una sesión de preguntas y respuestas con miembros de la familia para que compartieran cómo luchan contra el terror policial fascista.

A una pregunta en particular, ofrecieron una respuesta especialmente inspiradora: “En la protesta semanal por Bryan, todos coreamos ‘Ningún policía bueno en un sistema racista’. ¿Qué significa eso para usted?”. Un familiar compartió que todos y cada uno de los policías de Inglewood son culpables del asesinato de Bryan. Si no fueron ellos quienes le asfixiaron, se quedaron mirando mientras sucedía o ayudaron a encubrirlo después. Luego, logró que todos en la sala la siguieran con entusiasmo en el cántico. Esto encendió la chispa y fue seguido por un llamado a todos los participantes a unirse a la protesta semanal regular, así como al Día Nacional contra la Brutalidad Policial que ayudamos a la familia a organizar.

El Partido Laboral Progresista de Los Ángeles se ha comprometido profundamente con la lucha por la justicia para Alex Flores, Bryan Bostic y otros asesinados por policías racistas. El apoyo constante a la lucha de clases, sumado a la consolidación de nuestra base, nos ha permitido unir a estas dos familias en la lucha contra el fascismo y continuar luchando junto a ellas por la necesidad de una revolución comunista como única solución a la violencia policial.

  1. México: solidaridad con los trabajadores de la salud
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  4. El Ojo Rojo en las noticias . . . 11 de noviembre 2026

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