El verano pasado me uní al Partido Laboral Progresista (PLP). Asistí a la escuela del Partido para el DESAFÍO , denominada «Proyecto de Verano», la cual organizamos cada año en una ubicación diferente en algún lugar del mundo. Estudiamos, realizamos mítines e intercambiamos lecciones con nuestros camaradas sobre la lucha contra este sistema capitalista y racista. Aprender cómo el Partido pone en práctica su línea política —antisexistra, multirracial e internacionalista— durante el Proyecto fue, en última instancia, lo que me impulsó a dar el paso y unirme a la lucha; por ello, aquí presento tres conclusiones claves extraídas de esa experiencia.
La primera razón fundamental por la que me uní al Partido es la oportunidad de fomentar la conciencia de clase entre las masas mediante ideas comunistas. En Boston, durante la semana de formación comunista, se reunieron camaradas procedentes de Colombia, Kentucky, Baltimore,
Los Ángeles, Newark y la ciudad de Nueva York para aprender sobre la labor de organización antirracista llevada a cabo por nuestros camaradas del PLP en 1975. Hace cincuenta años, los comunistas del Partido Laboral Progresista lucharon contra la agenda racista de la clase dominante de Boston, la cual pretendía perpetuar la segregación entre estudiantes negros y blancos en las escuelas públicas de la ciudad.
Nuestros camaradas organizaron «Escuelas de la Libertad» durante el verano con el fin de brindar a los niños la educación, los recursos y los cuidados que los patrones capitalistas y racistas de Boston les negaban.
Aprender sobre la historia de lucha y ayuda mutua del Partido me enseñó que debemos, por un lado, compartir el pan con la gente y, por el otro, llevar esa colectividad a un nivel superior, mostrándoles por qué merecemos algo más que simples curitas para nuestras heridas colectivas, causadas por este sistema capitalista racista en crisis. La ayuda mutua es necesaria durante estos tiempos difíciles, pero solo el comunismo —un sistema económico internacional en el que los trabajadores dirigen la sociedad de una manera que sirve a nuestra clase y al planeta— puede garantizarnos lo que necesitamos.
Eso es construir conciencia de clase, y esa es la primera razón fundamental por la que me uní al Partido. La segunda razón por la que me uní al Partido es para agitar a las masas con ideas comunistas. En Boston, durante la escuela del DESAFÍO —que realizamos cada verano en diferentes lugares—, vendimos DESAFÍO, nuestro periódico, en diversos barrios de clase trabajadora. Organizamos mítines en zonas repletas de trabajadores que luchan silenciosamente para abrirse paso a través de las diversas crisis que enfrentamos en este sistema basado en el lucro.
Lo que aprendí al organizar mítines y vender DESAFÍO durante el proyecto de verano es que, si no agitamos a las masas con ideas comunistas —tales como la unidad multirracial y la toma de conciencia sobre las guerras imperialistas y los genocidios—; si guardamos silencio respecto a la necesidad de una organización revolucionaria para poner fin a este sistema y construir uno nuevo, entonces algunos trabajadores nunca tendrán la oportunidad de unirse a esta lucha para cambiar el mundo, de despertar de su pacifismo inducido por el capitalismo. Me sorprendió lo receptiva que se mostró la gente ante el periódico, lo cual me enseñó que no debemos tener miedo de decir la verdad y de defender lo que es justo.
La tercera razón por la que me uní al Partido es para organizar bajo una línea internacionalista. El Partido me mostró muchos ejemplos de cómo se ve esto en la práctica. Durante el proyecto de verano, aprendí sobre la combativa resistencia que nuestros camaradas en Kentucky emprendieron contra los Proud Boys, derribando a neonazis al suelo cuando intentaban intimidar a los trabajadores durante una protesta. Una de nuestras camaradas de Los Ángeles trabajó junto con sus compañeros de trabajo y estudiantes para rasgar por la mitad una pancarta racista en su escuela y colocarla frente a la oficina del director. Uno de nuestros camaradas pronunció un discurso empoderador sobre el capitalismo en decadencia, en criollo, mientras nos manifestábamos en un barrio haitiano en Massachusetts, con el fin de tender un puente entre los trabajadores que hablan inglés y los que hablan criollo. La aplicación en la vida real de la línea del Partido me demostró que así es como se ve cuando los trabajadores toman las riendas de sus vidas y del mundo: significa defenderse mutuamente frente a los neonazis, desafiar colectivamente una cultura escolar racista y llevar nuestra resistencia más allá de los límites del idioma y las fronteras.
Ver la línea de nuestro Partido en acción fue, en última instancia, lo que me inspiró a unirme. Aprender cómo mis camaradas tomaron posesión de sus idiomas, sus lugares de trabajo y sus entornos —junto con sus compañeros trabajadores— me inspiró a querer hacer lo mismo. Ahora que me he unido al Partido, estamos trabajando para construir un sindicato de inquilinos, organizando reuniones para reunir a nuestros vecinos, quienes provienen de todas partes del mundo: algunos hablan español y temen a ICE, y otros son personas mayores que viven aisladas en sus hogares. Estamos sentando las bases con estos trabajadores a través de eventos sociales para, llegado el momento, desafiar la negligencia de los caseros explotadores que son dueños de nuestras viviendas.
Solo cuando nos unamos —por decenas, miles y millones— podremos destruir el capitalismo y ganar el mundo para el comunismo. Sé que todos ustedes llevan un espíritu de lucha por dentro, ¡así que únanse a nosotros! No, en serio. ¡Quiero que le pregunten a la persona que los trajo cómo pueden obtener más información y unirse al Partido Laboral Progresista!
