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Editorial: Rivales imperialistas EE.UU. & China encaminados hacia la guerra

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21 May 2026 49 visitas

Cuando el Racista en Jefe Donald Trump y el rey capitalista chino Xi Jinping se reunieron en una cumbre, reflejaron la creciente competencia entre un imperio estadounidense en decadencia y un imperio chino en ascenso—una rivalidad que empuja al mundo cada vez más hacia una guerra mundial. Solo la clase trabajadora puede convertir esta situación límite en una posición ganadora. Para ello necesitamos una revolución comunista, un mundo sin explotación, ganancias ni fronteras. Únete al Partido Laboral Progresista (PLP) para convertir esta aspiración en una realidad para las generaciones futuras.

Una lucha a muerte

El ascenso de China al estatus de superpotencia lleva al menos veinticinco años gestándose. La Franja y la Ruta, incluida la ruta de la seda digital, fue una estrategia imperialista para conectar a 150 países y 32 organizaciones internacionales de Asia, Europa, Oriente Medio, África y América Latina bajo el poderío económico chino (Bloomberg, 12/20/25). Xi ha dejado claro que China pretende convertirse en una potencia de primer nivel mundial en los planos económico, tecnológico, militar y político (NY Times, 5/14). China fue uno de los blancos del “régimen arancelario” de Trump, y China, en represalia, cortó el suministro de tierras raras e imanes. El portavoz de los patrones imperialistas estadounidenses, The New York Times, captó el pánico: “¿cómo lidias con un país que intenta desplazarte como la principal potencia del mundo?” No es ningún secreto que los dos imperialistas tienen “divisiones fundamentales” en una “batalla por la dominación” que “parece una lucha a muerte” (The Daily, 5/14).

Gran parte del pánico estadounidense proviene de la constatación de que EE.UU. no solo enfrenta a un verdadero rival que pugna por la dominación mundial, sino también de que la propia clase dominante estadounidense está fracturada y dividida, lo que la debilita frente a sus enemigos. Esto es cada vez más visible: el informe de un think tank chino titulado “Gracias Trump” declaró al presidente un “acelerador de la decadencia política estadounidense” y atribuyó el crecimiento de China a la volatilidad de EE.UU. (NY Times, 5/12).

La mentalidad transaccional y de ganancias a corto plazo de Trump ha socavado y acelerado aún más el declive estadounidense. Nublado por la inflación y la guerra con Irán, Trump llegó a la mesa debilitado (Washington Post, 5/16). Su intento adulatorio de halagarle el ego a Xi e insistir en la “amistad” empalideció ante la fría confianza de Xi. La verdadera “amistad” es entre Rusia y China, ya que ambos comparten la oposición a la dominación mundial de EE.UU.

Si bien Trump no fue quien causó el declive del imperio estadounidense—esa es una tendencia que viene desde la década de 1970—ciertamente lo ha intensificado. Los ataques de Trump a las propias instituciones que históricamente sostuvieron el orden mundial internacional liderado por EE.UU. han alejado a sus aliados y dañado gravemente su credibilidad. Los patrones europeos discuten cada vez más la “autonomía estratégica” y comenzaron a prepararse para un mundo en el que ya no podrán contar con EE.UU. como un imperio estable. Para sus aliados más cercanos en Europa, “está claro que la dependencia de Estados Unidos tiene un costo imposiblemente alto”. En lugar de “esperar un rescate”, están construyendo “un sistema comercial paralelo propio” (Foreign Affairs, 5/15). En otras palabras, incluso los aliados de toda la vida se preparan para la desaparición del orden mundial estadounidense.

Taiwán, eje de la rivalidad

Además de los aliados en Europa, otra fuente de angustia del imperio estadounidense es Taiwán. “El mayor riesgo de la cumbre de esta semana es que el señor Trump cambie ganancias estadounidenses a corto plazo, como la exportación de más soja y otros productos agrícolas, por ventajas chinas a largo plazo” (NY Times, 5/13). Xi advirtió que las cosas “podrían llegar a un ‘lugar sumamente peligroso’ si el presidente Trump intentaba obstaculizar a China en su afirmación sobre Taiwán” (The Guardian, 5/14). Como primera cadena de islas, Taiwán es un ancla estratégica en el Mar del Sur de China. El Estrecho de Taiwán vincula las economías del noreste asiático con el resto del mundo, y concentra una quinta parte del comercio marítimo mundial (CSIS, 6/17/25). 

Más importante aún, quien controle Taiwán puede proyectar con mayor facilidad sus ambiciones imperialistas hacia el Pacífico. Por eso, naturalmente, los comentarios impredecibles de Trump siembran el temor de “desestabilizar el apoyo histórico de Washington a Taiwán”. Trump representa la facción de la clase dominante estadounidense orientada hacia adentro que no está dispuesta a sacrificarse por una guerra mundial. Abiertamente calificó los 25.000 millones de dólares en ventas de armas a Taiwán como una “ficha de negociación” con China, advirtió en contra de la independencia taiwanesa y declaró que no está “buscando” “viajar 9.500 millas para librar una guerra” en defensa de Taiwán (The Guardian, 5/18). Aquí radica precisamente el problema para los patrones imperialistas estadounidenses cuyo interés está en la supremacía mundial. Necesitan una población dispuesta a ir a la guerra, lo cual está muy lejos de ser la realidad en este momento.

Como una bestia herida y acorralada que arremete desesperada, un EE.UU. más errático es un peligro para todos. Si bien los patrones usan el poder del Estado para demorar o negociar, la competencia—no la colaboración—es lo primordial. Cuando la competencia es la base fundamental de la sociedad, la guerra es la herramienta final que los patrones usan para decidir quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores. Los años previos a las dos últimas guerras mundiales estuvieron marcados por crisis similares: carreras armamentistas, inestabilidad económica, nacionalismo y rivalidades en escalada. No se equivoquen: los patrones se apuñalarán entre sí por la espalda antes de ceder el poder. Y sacrificarán la vida de los trabajadores sin dudarlo. Ninguno de estos patrones representa nuestros intereses; solo el poder de la clase trabajadora puede hacerlo.

¿Trabajadores en el kill line?

En los videojuegos, el kill line—la línea de eliminación—es el punto en que las condiciones de un jugador son tan precarias que puede ser eliminado de un solo golpe. La propaganda de la China capitalista popularizó el kill line para referirse a la devastación de la clase trabajadora en EE.UU. Esta enfermiza desigualdad no es un excepcionalismo estadounidense, sino una crisis global del capitalismo. El crecimiento de China es “la mitad de lo que fue. El desempleo juvenil es alto” (NY Times, 1/13). La sensación de estar al borde del abismo es la realidad de decenas de millones de personas en todo el mundo.

Mientras los patrones lo tratan como un juego, nosotros, los trabajadores y la juventud, pagamos su rivalidad con nuestra sangre y nuestro trabajo. Ya sea el costo del petróleo y la electricidad, o el de los frijoles y la carne, somos nosotros quienes nos vemos obligados a pagar los fracasos del imperialismo.

Dado que el capitalismo empuja al mundo hacia la crisis, los trabajadores necesitan una alternativa enraizada en su opuesto. En esta era de catástrofes compuestas, tenemos dos opciones: acobardarnos ante el fascismo o encontrar el valor para luchar por el comunismo. En el Partido Laboral Progresista creemos que las personas ordinarias tienen la capacidad de cambiar el curso de la historia mediante acciones aparentemente pequeñas. ¡Juntos podemos construir al máximo la revolución comunista! ¿Ves a trabajadores del transporte en huelga? ¡Envía solidaridad! ¿Ves a tu vecino en apuros? ¡Construye comunidad! ¿Escuchas propaganda racista? ¡Difunde CHALLENGE! Hagas lo que hagas para resistir, no lo hagas solo—¡constrúyelo con el PLP!