El 12 de junio, cuando la empresa de inteligencia artificial y cohetes SpaceX se incorporó a la bolsa de valores pública, el fundador Elon Musk se convirtió en billonario (trillionaire) —apenas tres semanas después de los 8.000 despidos en la empresa de IA Meta, sumados a los recortes de empleo de más de 100.000 otros trabajadores tecnológicos este año (Layoffs.fyi, 13/6). Aquí está la esencia del capitalismo: la riqueza obscena para muy pocos se alimenta del robo a las masas, mientras el racismo y el sexismo mantienen dividida a la clase trabajadora internacional. La industria de la IA está generando desempleo masivo, catástrofes ambientales y la superexplotación de trabajadores negros en África que extraen los minerales que requieren los chips de IA. Todo esto es parte de la crisis cada vez más profunda del capitalismo, que los patrones sólo pueden resolver con fascismo y guerra mundial.
Una ola de protestas contra los centros de datos de IA muestra que los trabajadores no se dejan engañar por la retórica de parásitos como Musk, Mark Zuckerberg de Meta y Sam Altman de OpenAI. Esta ira justa es la materia prima para la resistencia y la lucha masiva contra todo el sistema capitalista. Contiene las semillas de un mundo comunista que pondrá la IA, y todas las tecnologías, en manos de la clase trabajadora.
El cuello de botella de las tierras raras asfixia a los trabajadores
El auge de la IA ha convertido la competencia por los minerales de tierras raras en un campo de batalla en la rivalidad imperialista entre los patrones de EE.UU. y China. El cobalto y otros minerales son esenciales para producir los chips de computadora que impulsan las aplicaciones de IA. Actualmente, China refina el 90 por ciento de las tierras raras del mundo (Foreign Affairs, junio) y domina el mercado en la República Democrática del Congo, donde los mineros sufren condiciones racistas brutales y destrucción ambiental.
Como contragolpe a los aranceles de Trump de 2025, los patrones chinos impusieron controles estrictos sobre las tierras raras. En cuestión de semanas, las cadenas de suministro de EE.UU. se tambalearon, con Ford (CBS News, 25/6) y el fabricante de armas Raytheon (Foreign Affairs, mayo/junio) enfrentando escasez de tierras raras. Los conflictos sobre el futuro de la IA también están intensificando la pelea interimperialista por Taiwán, donde Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) controla el 72 por ciento de la producción mundial de chips de computadora, y una proporción aún mayor de los chips avanzados necesarios para las aplicaciones de IA. El control sobre Taiwán y el estrecho de Taiwán, estratégicamente vital, sigue siendo un punto de conflicto entre los patrones del gran capital financiero liberal-fascista de EE.UU. y los capitalistas de Estado chinos. El conflicto podría estallar en una guerra mundial en cualquier momento, con millones de vidas de trabajadores en juego.
El fascismo asoma la cabeza
El auge de la IA está acelerando tanto la crisis capitalista global como el ascenso del fascismo. Los auges y caídas económicas son fundamentales para el sistema de ganancias. A medida que los patrones intensifican su explotación mediante despidos y recortes salariales, los trabajadores podemos consumir cada vez menos de los productos que creamos. Esto conduce a crisis periódicas de sobreproducción, y todos los trabajadores —especialmente los trabajadores negros, latinos y las mujeres— pagan el precio. La inversión febril de los patrones en infraestructura de IA —JPMorganChase proyecta 5 billones de dólares en gasto de IA para 2030— recuerda al colapso de las “puntocom” de finales de los años 90 y a la Gran Recesión de 2008-2009, donde la especulación desenfrenada produjo devastación económica para la clase trabajadora mundial.
Mientras tanto, los gobernantes capitalistas usan herramientas de IA para intimidar y controlar a una clase trabajadora cada vez más desesperada y enojada. Flock AI fabrica cámaras que rastrean placas de matrícula y reconocen rostros, enviando los datos directamente a los departamentos de policía de todo el país. Palantir, una empresa de IA especializada en vigilancia, tiene contratos con ICE y con los militares de EE.UU., Holanda y España. El ejército israelí, abiertamente fascista, usa drones impulsados por IA para atacar y asesinar a trabajadores en Palestina y Líbano (Haaretz, 5/6).
Los patrones también usan la IA para arrebatar el arma más poderosa del mundo: la conciencia de clase de los trabajadores. La IA promueve el aislamiento social e inunda a los trabajadores con algoritmos racistas y sexistas; puede sofocar nuestra comprensión crítica y materialista de la realidad misma. En este período de represión y fascismo creciente, se anima a trabajadores y jóvenes a recurrir a una máquina “pensante” en busca de apoyo en lugar de recurrir unos a otros. Trágicamente, un adolescente se quitó la vida con el “apoyo” de ChatGPT. A medida que la crisis del capitalismo se siga agravando, más personas se verán obligadas a usar la IA en lugar de la educación y la atención médica humanas.
En resumen, externalizar el pensamiento deja a los trabajadores más vulnerables a las ideas fascistas.
La IA comunista reflejará la inteligencia colectiva de los trabajadores
Así como los estudiantes que se graduaban abuchearon a los oradores directores ejecutivos de empresas tecnológicas, así como los trabajadores destruyen las cámaras de Flock AI, así como las comunidades dan batallas encarnizadas contra los centros de datos de IA, podemos ver que la clase trabajadora entiende cómo se está usando la tecnología capitalista en nuestra contra. Esta conciencia de clase combativa necesita ser organizada por el Partido Laboral Progresista, un partido comunista con un plan a largo plazo para llevar a la clase trabajadora internacional hacia la revolución.
La inteligencia artificial es una herramienta que ahora produce ganancias absurdas para los patrones mientras empobrece a los trabajadores y promueve el racismo, el fascismo y la guerra imperialista. Pero como cualquier herramienta, su impacto está definido por quién la controla, y para qué propósito. Bajo el comunismo, los trabajadores decidirán qué usos de la IA pueden beneficiar a nuestra clase, dentro de los límites de los recursos disponibles, y cuáles deben rechazarse. El factor decisivo no será la ganancia, la cual aboliremos, sino el potencial de servir a las necesidades de nuestra clase. Una vez que los trabajadores adoptemos nuestro propio poder y capacidad, usaremos nuestra inteligencia colectiva de clase trabajadora para acumular conocimiento y dirigir la sociedad para siempre.
