El pasado mes de agosto se cumplió el 235.º aniversario del inicio de la Revolución Haitiana. Lo que sigue es un extracto de un artículo de la revista del Partido Laborista Progresista (PLP), titulado “La historia de Haití”, publicado en 2014. La historia de Haití ofrece lecciones para todas las personas trabajadoras.
En la Parte I de esta serie, repasamos la historia temprana de Ayti (la palabra taína para la isla que posteriormente se conocería como La Española, hoy dividida entre Haití y la República Dominicana), la posterior conquista española y francesa, y los comienzos de la lucha revolucionaria para acabar con la esclavitud, hasta 1792. Ese año, la Revolución Francesa entró en una etapa más radical: la monarquía fue derrocada y Francia avanzó hacia la guerra contra las monarquías de Europa.
Mientras los grandes plantadores azucareros de Saint-Domingue huían para unirse a la oposición monárquica, el comisionado jacobino francés Léger-Félicité Sonthonax abrió los cargos políticos y el cuerpo de oficiales del ejército a los gens de couleur (personas de color), y se eligió una delegación racialmente integrada para representar a Saint-Domingue en la Asamblea Nacional de París.
Nos quedamos en 1793, con la ejecución del rey francés, mientras la Francia republicana entraba en guerra con España y Gran Bretaña, las otras dos grandes potencias coloniales del Caribe. La rebelión de esclavos que continuaba se había convertido en una fuerza dentro de este conflicto intercolonial más amplio.
Haití nació de una rebelión de esclavos, y su historia deja claro que la esclavitud y el racismo fueron elementos esenciales desde los propios cimientos del capitalismo. La clase trabajadora de Haití también ha sufrido algunas de las formas más brutales de explotación por parte del imperialismo, tanto directa como indirectamente. Sin embargo, a partir de que los trabajadores haitianos se levantaron para abolir la esclavitud en la década de 1790, han venido respondiendo con combatividad, impulsando una reforma tras otra en un esfuerzo por liberarse de la explotación. Una y otra vez, sin embargo, estas reformas han fracasado.
Hoy, las condiciones que enfrentan los trabajadores haitianos continúan deteriorándose. Las pandillas, las armas importadas desde Estados Unidos y los asesinatos han devastado el bienestar de la clase trabajadora haitiana, mientras que el ataque racista contra el Estatus de Protección Temporal (TPS) de los trabajadores haitianos en Estados Unidos ha generado aún más incertidumbre y sufrimiento.
Esta historia contiene la lección más importante para todos los trabajadores: solo el comunismo puede acabar con la explotación y poner a la clase trabajadora internacional al frente de la sociedad.
Es un recordatorio de que, aunque los trabajadores negros de todo el mundo siguen siendo el sector más brutalmente explotado de nuestra clase, la lucha contra el racismo nunca puede separarse de la lucha contra el capitalismo y del imperialismo. Solo la revolución comunista puede poner fin definitivamente a este sistema de explotación. De Haití a Estados Unidos, el liderazgo de los trabajadores negros continúa siendo una fuerza revolucionaria fundamental.
La Parte II abordará la revolución hasta su triunfo en 1804 y el papel que posteriormente desempeñó el Haití independiente al impulsar la lucha contra la esclavitud en todo el continente americano.
Los españoles en Santo Domingo, la mitad oriental de La Española (hoy República Dominicana), reclutaron a Toussaint Louverture, Dessalines y otros líderes de la insurgencia de esclavos para su ejército, ofreciéndoles libertad y tierras. Gran Bretaña, por otro lado, actuó para proteger las ganancias del azúcar y obtener más territorio para su explotación, invadiendo y ocupando el sur y el oeste de Haití (la región más cercana a su colonia azucarera de Jamaica). Allí impusieron la esclavitud y restablecieron las restricciones raciales contra los gens de couleur. En este contexto, el comisionado Sonthonax recurrió a los esclavos para defender la república francesa. Redujo las horas de trabajo y posteriormente ofreció libertad y ciudadanía francesa a todos los guerreros negros que lucharan por Francia. En agosto de 1793, después de que una reunión multitudinaria en Cap Français votara a favor de la emancipación, el comisionado dio el paso final y abolió la esclavitud en toda la colonia, reconociendo, en cierto sentido mediante la ley, una realidad que ya existía de hecho.⁶
En 1794, los delegados de Saint-Domingue ante la Asamblea Nacional francesa —uno blanco, uno mestizo y otro, un antiguo esclavo nacido en África— pidieron que la Asamblea aboliera la esclavitud en todas las colonias francesas. Las privaciones provocadas por la guerra habían enfurecido aún más a la clase trabajadora francesa y debilitado, por el momento, el poder de los plantadores, y la Asamblea ratificó la propuesta por aclamación.
La insurrección de esclavos de Saint-Domingue había llevado a la Revolución Francesa a su defensa más radical de la libertad. Funcionarios franceses liberaron a los esclavos en Guadalupe y en las demás islas que capturaron durante la guerra en curso contra Gran Bretaña y España. Ante esto, Toussaint Louverture y otros abandonaron España para jurar lealtad a la República Francesa. Toussaint se convirtió en el general francés más importante, al mando de tropas francesas, en su mayoría antiguos insurgentes, mientras expulsaban a Gran Bretaña de Saint-Domingue en nombre de la abolición de la esclavitud.
Los trabajadores esclavizados de todo el continente americano tomaron nota. A medida que se difundían las noticias del levantamiento de 1791 en Saint-Domingue, estallaron rebeliones de esclavos en Puerto Rico, Venezuela, Curazao y Granada. Se descubrieron importantes conspiraciones de esclavos en Cuba y en la Luisiana española. Esclavos armados lucharon para establecer un refugio de cimarrones en el interior de Jamaica. Y en 1800, el herrero esclavizado Gabriel, inspirado por Saint-Domingue y la Revolución Francesa, intentó acabar con la esclavitud mediante una insurrección en Virginia.⁷
Sin embargo, los propietarios de esclavos estaban decididos a acabar con estas amenazas a sus ganancias. Para 1798, los intereses de los plantadores franceses habían comenzado a recuperar su poder en París. Encontraron un aliado en Napoleón Bonaparte, el general francés y futuro emperador, cuya esposa provenía de una familia de plantadores del Caribe. En 1802, Napoleón invadió Saint-Domingue con el respaldo de las élites británicas y estadounidenses. Los británicos y los franceses seguirían luchando entre sí en Europa durante otra década. Pero cuando se trataba de defender la superexplotación de la esclavitud, podían unirse: el primer ministro británico Henry Addington declaró que, respecto a Saint-Domingue, el “interés de los dos gobiernos es exactamente el mismo: destruir el jacobinismo, especialmente el de los negros”.
Por su parte, Thomas Jefferson describió a Toussaint y a otros líderes negros de Saint-Domingue como “caníbales de la terrible república” y prometió ayudar a los franceses a “matar de hambre a Toussaint” hasta lograr su sometimiento.
La expedición francesa inicial fue dirigida por el cuñado de Napoleón, el general esclavista Charles Victor Leclerc, y contó con la participación de la mitad de toda la flota francesa. Al principio, Leclerc apeló a la lealtad hacia la república francesa —al patriotismo— para atraer a algunos generales insurgentes a su ejército, así como arrestar y deportar a Toussaint Louverture. Pero cuando los franceses restablecieron la esclavitud en la isla de Guadalupe, el pueblo de Saint-Domingue se levantó en resistencia, obligando a sus antiguos líderes a abandonar a Leclerc y comenzar nuevamente la insurgencia. Cuando Leclerc declaró una guerra de exterminio cuyo objetivo era matar a todos los hombres y mujeres negros, excepto a los “niños menores de doce años”, algunas tropas blancas, muchas de ellas polacas, desertaron del ejército francés para unirse a los insurgentes.
Para 1803, los trabajadores de Haití —comprometidos ideológicamente con su lucha por la libertad, disciplinados y experimentados en la guerra de guerrillas— hicieron lo que ningún ejército europeo había logrado. Derrotaron por primera vez al ejército de Napoleón. Y en 1804, Saint-Domingue declaró su independencia como la nación de Haití.
Los británicos perdieron 40.000 soldados y los franceses cerca de 50.000 en el esfuerzo por restablecer la esclavitud en Haití y en otras islas de las Antillas. La mitad de la población negra de Haití fue asesinada. En total, más de 300.000 personas murieron en la lucha para acabar con la esclavitud en Haití.
Estados Unidos se negó a reconocer la independencia de Haití y, en 1815, el tratado que puso fin a las guerras napoleónicas en Europa aceptó la reclamación de Francia sobre Haití como posesión colonial. Jefferson continuó sus esfuerzos por proteger a los propietarios de esclavos aislando a Haití como fuerza económica e ideológica. Aunque Saint-Domingue/Haití había sido el segundo socio comercial más importante de Estados Unidos (incluso durante el período de guerra), Jefferson impuso un embargo comercial y exhortó a los comerciantes de Nueva Inglaterra a aceptar la pérdida de un mercado fundamental como un sacrificio por la nación.
Las naciones esclavistas —Estados Unidos, Gran Bretaña, España, Francia y Portugal— expandieron la esclavitud en los años posteriores a la Revolución Haitiana. En Estados Unidos, la producción de algodón y azúcar basada en el trabajo esclavo se expandió hacia el antiguo suroeste y el nuevo territorio de Luisiana. Los franceses restablecieron la esclavitud en Guadalupe y Martinica. Los españoles ampliaron la producción de azúcar en Cuba, y los portugueses desarrollaron plantaciones de azúcar y café en Brasil. Todo esto significó un aumento del comercio de esclavos para reponer la fuerza laboral agotada de la región.
La República de Haití, por otro lado, continuó sus esfuerzos por difundir la idea de la revolución contra la esclavitud. En 1815-1816, el presidente haitiano Alexandre Pétion dio refugio a Simón Bolívar mientras este iniciaba un movimiento independentista contra España. Haití proporcionó a Bolívar barcos, armas y municiones, una imprenta y tropas para entrenar a sus hombres, exigiendo a cambio que prometiera liberar a los esclavos en cualquiera de las repúblicas que obtuvieran su independencia de España.
Como España estaba importando esclavos, muchos negros libres y esclavos de las colonias españolas se unieron a los ejércitos del movimiento independentista. En Perú, hasta tres cuartas partes de quienes lucharon en el ejército libertador eran personas de color. En 1821, la Gran Colombia adoptó una ley para emancipar a todos los nacidos de madres esclavizadas después de esa fecha.
En 1829, México se convirtió en la segunda nación de América en abolir completamente la esclavitud.
Encuentra la conclusión de esta serie en nuestro próximo número del DESAFIO, disponible el 16 de septiembre.
