Mientras Irán y EE. UU. intercambiaban ataques sobre el estrecho de Ormuz, apenas días después de su frágil “memorando de entendimiento”, se confirmó un desarrollo que se venía gestando desde hace décadas: el declive del imperialismo estadounidense. La guerra en curso ha envalentonado a Irán, ha socavado la credibilidad de EE. UU. ante sus aliados, y ha dejado un vacío que la potencia imperialista rival, China, aprovecha para avanzar sus ambiciones de superpotencia.
Para la clase obrera internacional, la creciente volatilidad global deja al descubierto que los acuerdos de paz de los patrones no son más que paradas técnicas en el camino hacia guerras más amplias. El capitalismo está fracasando en todo el mundo. Para enterrarlo, debemos construir el largo camino hacia el comunismo junto al Partido Laboral Progresista. El comunismo significa el fin del sistema capitalista de ganancias y de todas las formas de racismo, sexismo y explotación de clase.
Los trabajadores pagan el costo de la guerra de los patrones
Hasta la fecha, la guerra entre los brutales gobernantes de Irán y EE. UU. e Israel —socios despiadados en el genocidio de Gaza— ha dejado 7,500 trabajadores asesinados y 50,000 heridos en más de 15 países. La mayoría de las víctimas están en Líbano e Irán, incluidas más de 170 personas masacradas por un misil Tomahawk estadounidense en una escuela primaria de niñas.
La guerra ya ha saqueado 132 mil millones de dólares de los trabajadores en EE. UU. y ha disparado los precios globales de la gasolina, la energía, los fertilizantes y los alimentos (bloomberg.com, 18/6). El Departamento de Guerra de EE. UU. está solicitando 80 mil millones de dólares adicionales, cifra que excluye el costo de reparación de 20 bases estadounidenses atacadas por misiles y drones iraníes, incluyendo daños devastadores a una base naval en Baréin (Wall Street Journal, 25/6).
El memorando de entendimiento del 17 de junio es un acuerdo “marco” para reabrir el estrecho de Ormuz, otorgando a Irán alivio del bloqueo y las sanciones de EE. UU., además de descongelar hasta 24 mil millones de dólares en activos iraníes que actualmente están principalmente en China e Irak (Afkar, 15/6). Las medidas concretas para frenar o detener el programa nuclear de Irán quedaron pospuestas para negociaciones futuras, una gran victoria para Irán. Apenas 10 días después de este último acuerdo, Irán atacó un petrolero con bandera panameña e intercambió ataques con fuerzas estadounidenses mientras ejercía su nuevo poder para controlar el tráfico marítimo por el estrecho, por donde transita el 20 por ciento del petróleo mundial. Una vez más, quedó expuesta ante todos la debilidad de EE. UU.
Fracaso épico para el imperialismo estadounidense
La Operación Furia Épica se ha convertido en un fracaso épico. A pesar de una abrumadora ventaja en poder de fuego, EE. UU. ha sido superado estratégicamente por Irán, un país en estado de colapso económico casi total. Desde que el Acuerdo de Bretton Woods de 1944 estableció al dólar estadounidense como moneda de reserva mundial, el dominio de EE. UU. ha descansado en gran parte sobre su capacidad de controlar Medio Oriente y garantizar el tráfico seguro de petróleo desde el Golfo Pérsico. Bajo el reinado incompetente de Donald Trump, ese arreglo está ahora hecho pedazos. La guerra ha puesto en entredicho el papel de Estados Unidos como principal garante de seguridad en Medio Oriente, según analistas citados por Foreign Affairs (16/6).
A pesar de una abrumadora ventaja en poder de fuego, de ataques sin precedentes contra el programa nuclear de otro país, y de una coordinación abierta con el estado paria de Israel, EE. UU. está perdiendo una vez más. Es el más reciente de una larga lista de debacles, desde Vietnam hasta Irak, Afganistán, Libia y Siria.
Desde la crisis financiera de 2008, los gobernantes estadounidenses han enfrentado una competencia cada vez más aguda por parte de Rusia y, sobre todo, de China, hoy la principal potencia industrial del mundo. China está aprovechando la última crisis global para presentarse como un actor confiable del orden internacional, en contraste con una imagen de EE. UU. como un país violento y temerario en la persecución de sus propios intereses, según un análisis de Brookings (8/6). Calificando la guerra en Irán como el “error de política exterior más consecuente” de Trump, el Council on Foreign Relations —el principal centro de estudios de los imperialistas estadounidenses— señaló a China como la “principal beneficiaria geopolítica” del cambio de alianzas en el rico Medio Oriente petrolero (17/6).
Inestabilidad para todos
Es tentador celebrar la humillación y el declive de los patrones imperialistas estadounidenses. Después de todo, son los mismos monstruos que asesinaron a por lo menos 5 millones de personas y desplazaron a 38 millones solo en las zonas de guerra posteriores al 11 de septiembre en Medio Oriente (Universidad de Brown, junio de 2025). Pero los imperios en declive crean sus propios peligros para la clase trabajadora. Como animales heridos, los gobernantes lastimados son más propensos a atacar. A medida que el imperio estadounidense se debilita, los países capitalistas subordinados buscan seguridad en otra parte, en un orden global cada vez más disputado. Israel se vuelve cada vez más errático.
China y Rusia buscarán expandir sus esferas de influencia. Así es como las guerras comerciales pueden convertirse en guerras armadas, y las guerras por delegación en guerra mundial. Ninguno de estos desarrollos beneficiará a la clase obrera internacional, a menos que logremos convertir la guerra mundial en la lucha revolucionaria por el comunismo.
El comunismo, la victoria definitiva
A medida que el mundo se vuelve más impredecible y peligroso, no podemos elegir entre bandos rivales de patrones. En cuanto a sus intereses de clase, los trabajadores, soldados y jóvenes de EE. UU. no tienen nada en común con los gobernantes estadounidenses, y todo en común con nuestros semejantes en Irán, Líbano, Palestina, China, Rusia y Venezuela.
Más que nunca, los trabajadores buscan soluciones. Más que nunca, necesitan el comunismo. El PLP aspira a ser el arma de la clase obrera internacional mientras abolimos este sistema asesino de una vez por todas, y construimos un mundo libre de explotación, terror de estado y guerra imperialista. ¡Únete a nosotros!
