Como clara señal del auge del fascismo, el partido Alternativa para Alemania (AfD) —racista, sexista, homófobo, antiinmigrante y pronazi— ha ganado elecciones parlamentarias estatales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Sajonia-Anhalt, donde pronto podría formar el primer gobierno estatal abiertamente fascista en Alemania desde el Tercer Reich nazi. Tras décadas de liderazgo político liberal fracasado y declive económico —agudizados por una crisis mundial del capitalismo—, grandes sectores de trabajadores (en su mayoría hombres blancos) se han sido ganados por el discurso racista que culp a chivos expiatorios, el viejo truco de la patronal para ocultar el verdadero problema: el sistema de ganancias. Ya sea la nazi AfD, los partidos centristas como el Partido Socialdemócrata (SPD) o la Unión Demócrata Cristiana (CDU), o la falsa izquierda alemana (Die Linke) —que recientemente ganó elecciones estatales en Berlín—, todos los partidos políticos de la patronal sacrificarán gustosamente las vidas de los trabajadores para servir a los intereses de sus amos. En lo que respecta a la política electoral, no existe el «mal menor»: solo existe el mal. Para proteger las ganancias de los gobernantes en un periodo de creciente rivalidad interimperialista, los reformistas liberales —sobre todo el Partido Demócrata de EE. UU.— nos llevarán al matadero de una Tercera Guerra Mundial con la misma facilidad que los republicanos de Trump o la AfD. Solo tenemos una opción real: organizarnos para la revolución comunista y librar al mundo de todos los parásitos capitalistas y sus lacayos políticos.
Las lecciones de la Alemania nazi
En la década de 1930, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (partido nazi) atrajo a los trabajadores en medio del colapso económico que siguió a la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Los fascistas señalaron como chivos expiatorios a judíos, romaníes, sindicalistas, socialistas y comunistas, y procedieron a perseguirlos con el objetivo de eliminarlos. Ahora, con Alemania enfrentando otra crisis económica, la AfD culpa a los inmigrantes. En aquel entonces, Hitler sirvió a los fabricantes de armas, a los banqueros, a la Iglesia y a los terratenientes alemanes. Los gobernantes alemanes avivaron un fervor nacionalista para lanzarse a la Segunda Guerra Mundial, principalmente para estabilizar su economía y generar mayores ganancias. Hoy, la AfD cuenta con el apoyo de la misma familia de banqueros que respaldó a Hitler, así como de los magnates del sector de diagnóstico médico y de la industria automotriz. En un sentido más amplio, la clase dominante alemana acaba de aumentar su gasto militar en un 25 por ciento (deutschland.de, 7/9). Cuando la patronal invierte en más armamento —como demostró la Segunda Guerra Mundial—, es porque tiene la intención de utilizarlo: ¡contra nuestra clase!
La lección más crucial que se puede extraer de la Alemania de los años 30 fue expuesta por R. Palme Dutt en su libro de 1934, Fascism and Social Revolution (El fascismo y la revolución social). Dutt demostró que el camino hacia el Tercer Reich fue allanado por los “socialfascistas” del Partido Socialdemócrata (SPD), quienes colaboraron con la milicia protofascista de los Freikorps para aplastar un levantamiento obrero —liderado en gran medida por comunistas del Partido Comunista de Alemania (KPD)— en 1919. El SPD se mantuvo fiel al proceso parlamentario incluso mientras los nazis lo utilizaban para consolidar su poder letal. Hoy en día, la clase trabajadora internacional no puede permitirse repetir ese error fatal. Con el voto no se puede derrotar al fascismo. Como demostraron al mundo los trabajadores y campesinos de la Unión Soviética, solo la lucha armada de masas puede acabar con la amenaza fascista. Más de 20 millones de ciudadanos soviéticos dieron su vida para aplastar la maquinaria de guerra nazi.
En toda Europa, millones de trabajadores se han movilizado contra el fascismo abierto. En Alemania, la victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt provocó manifestaciones de 150.000 trabajadores en 20 ciudades (France24, 12/9). En Italia, dos millones de trabajadores y jóvenes se han sumado a protestas contra la austeridad, el fascismo y el genocidio, encabezadas por sindicatos y salpicadas de consignas procomunistas (Reuters, 25/12). Lo que falta es un liderazgo comunista que libere a los trabajadores indignados de las garras de los liberales y los guíe hacia un movimiento revolucionario. El Partido Laboral Progresista (PLP) está decidido a ganarse la confianza de los trabajadores para encabezar esta lucha crucial.
Los liberales allanan el camino para la derecha racista
El ascenso de los fascistas declarados en Alemania no es un caso aislado. Lo estamos viendo en Italia y Francia, en Argentina y Brasil, en Estados Unidos, Israel, Turquía e India. Al igual que en la década de 1930, la puerta para estos partidos racistas de cloaca se ha abierto debido al fracaso absoluto del viejo orden mundial liberal y, en esta ocasión, al declive acelerado del imperialismo estadounidense. La miseria capitalista es profunda y generalizada, abarcando desde la pobreza extrema y el hambre hasta los genocidios transmitidos en vivo en Gaza y Sudán. El retroceso de las grandes revoluciones comunistas en China y Rusia ha dejado a nuestra clase desarmada. También ha contribuido a sentar las bases para que la AfD y su calaña podrida ganen terreno dentro de la clase trabajadora.
Los principales partidos capitalistas de Alemania están explotando el temor ante los avances de la AfD para promover sus propias agendas antiobreras. Friedrich Merz, de la CDU, declaró que permanecería como canciller «por el futuro democrático de Alemania» (The Guardian, 21/9).
Sin embargo, estos mismos partidos reformistas han presidido décadas de deterioro en el nivel de vida. Han facilitado y apoyado los crímenes de guerra del imperialismo estadounidense en Oriente Medio y otras regiones. La CDU, actualmente en el poder, ha matado a miles de migrantes mediante duras restricciones migratorias y ha defendido ferozmente el genocidio de Israel en Gaza, al tiempo que reprimía brutalmente el sentimiento propalestino. Si bien la AfD ha propuesto destinar fondos militares a deportaciones masivas, es el régimen de Merz el que ha lanzado un plan de rearme militar sin precedentes, por valor de 377.000 millones de dólares, para prepararse ante una inminente guerra interimperialista.
El comunismo: la única forma de aplastar tanto a los nazis como a los patrones liberales
Ya sean nazis declarados como la AfD, “socialfascistas” como el SPD o fascistas centristas como la CDU, ninguno de los partidos políticos de la patronal —incluidos los Socialistas Democráticos de América (DSA)— puede siquiera empezar a satisfacer las necesidades de la clase trabajadora internacional. Ninguno de los falsos dirigentes reformistas puede ofrecer a los trabajadores más que unas pocas migajas de la mesa de los patrones. Mientras Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York de falsa izquierda, celebra otra reunión amistosa con el despreciable Donald Trump, se nos recuerda que ninguno de ellos puede frenar la crisis del capitalismo ni el ascenso inevitable del fascismo.
Las endebles farsas políticas y los engaños descarados de los patrones pueden convertirse en oportunidades para convencer a los trabajadores de que debemos destruir el capitalismo de raíz para construir un nuevo mundo comunista. Con las ideas comunistas liderando los movimientos obreros de masas, no hay límite para nuestro poder. Podemos aplastar no solo a los matones nazis, sino también a sus homólogos liberales mentirosos. ¡Luchemos por el comunismo! ¡Únete al PLP!
¿Qué es el fascismo?
El capitalismo está constantemente plagado de crisis económicas y políticas. Cuando estas crisis llegan a un punto crítico y el poder estatal de los patrones se ve amenazado desde dentro o desde fuera, estos se quitan la máscara de la democracia liberal e implantan el fascismo: la dictadura de clase de los gobernantes en su forma abierta.
Las condiciones que suelen conducir al fascismo incluyen el impulso hacia una guerra mundial; el ascenso de una clase trabajadora combativa y armada con ideas de izquierda y comunistas; y la decadencia de una clase dominante acosada por una tasa de ganancia decreciente y por la falta de unidad y disciplina en sus propias filas. Si bien entre los regímenes fascistas más conocidos figuran la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, la dictadura de Pinochet en Chile, el Haití de los Duvalier y la República Dominicana de Trujillo son otros ejemplos representativos.
